El déficit volvió porque las importaciones crecieron todavía más
La clave está en que exportar mucho más no garantiza un superávit si las compras al exterior avanzan todavía más rápido. Las importaciones alcanzaron 82,268 millones de dólares, un incremento anual de 45%, y superaron a las exportaciones por 847.5 millones. El dato contrasta con el superávit de 4,060 millones que ahora reporta INEGI para junio.
El cambio se explica por dos movimientos. El superávit de productos no petroleros cayó de 7,456 millones de dólares en junio a 2,809 millones en julio. Al mismo tiempo, el déficit petrolero aumentó de 3,396 a 3,657 millones. Es decir, México mantuvo un saldo positivo fuera del petróleo, pero ya no fue suficiente para compensar el déficit energético.
Hay además un matiz que cambia bastante la lectura. Con cifras desestacionalizadas, julio no registró déficit, sino un superávit de 465 millones de dólares, aunque muy inferior a los 3,752 millones de junio. En esa medición, las exportaciones aumentaron 9.69% mensual y las importaciones 15.16%. El regreso al déficit es correcto en las cifras originales; el ajuste estacional muestra, más bien, una fuerte reducción del superávit.
Las manufacturas no automotrices explican el salto exportador
El crecimiento de las exportaciones tampoco fue uniforme. Las manufacturas sumaron 76,306 millones de dólares y aumentaron 45.7% anual. Dentro de ellas, las ventas no automotrices crecieron 64.9%, mientras que las automotrices avanzaron apenas 2.4%. El movimiento más llamativo estuvo en equipos y aparatos eléctricos y electrónicos, con un salto anual de 134%.
El monto total exportado marcó un máximo mensual, de acuerdo con análisis financieros publicados tras el dato. Pero las importaciones también alcanzaron niveles extraordinariamente altos. En particular, México compró 67,132 millones de dólares en bienes intermedios, 56.3% más que un año atrás. Ajustadas por estacionalidad, esas importaciones crecieron 18.78% frente a junio, mientras los bienes de consumo cayeron 1.43% mensual.
Eso obliga a evitar una conclusión demasiado simple. Buena parte del incremento de las importaciones corresponde a insumos utilizados por empresas para producir, no solamente a bienes destinados al consumo final. Un déficit comercial generado en buena medida por compras de componentes y materias intermedias tiene una lectura distinta a uno provocado exclusivamente por un auge del consumo importado.
Estados Unidos sigue siendo la pieza central. Las exportaciones no petroleras hacia ese mercado aumentaron 49.8% anual en julio y concentraron 84.51% de las ventas no petroleras mexicanas durante enero-julio. Para México, esa integración favorece el volumen exportador cuando la demanda estadounidense resiste, pero también mantiene una elevada exposición al ciclo económico y a las condiciones comerciales de su principal socio.

Qué significa este déficit para el peso mexicano
En teoría, mayores exportaciones pueden aumentar la entrada de dólares al país, mientras que más importaciones generan demanda de divisas para pagar bienes comprados en el exterior. Por ese canal, un deterioro persistente del saldo comercial podría ejercer presión sobre el peso. Pero esa relación no es automática, y mucho menos puede establecerse a partir de un solo mes.
El peso mexicano opera bajo un régimen de libre flotación y el USD/MXN responde al mismo tiempo al dólar global, las expectativas sobre la Fed y Banxico, el diferencial de tasas, el apetito por riesgo y los flujos financieros. El 27 de agosto, jornada en la que se conoció la balanza comercial, el FIX de Banxico quedó en 16.9712 pesos por dólar y referencias de mercado situaron el cierre cerca de 16.98, con una depreciación moderada. La atención de los mercados estaba también puesta en las señales de política monetaria procedentes de Estados Unidos.
Por eso, el déficit de julio no ofrece por sí solo una señal bajista para el peso. México todavía acumuló un superávit comercial de 9,255 millones de dólares entre enero y julio, frente a 1,176 millones en el mismo periodo de 2025. Además, la balanza no petrolera siguió en terreno positivo. Un solo mes no confirma un deterioro estructural del sector externo.
El efecto tampoco es igual para todos. Un peso más fuerte puede abaratar en moneda nacional algunos insumos facturados en dólares para empresas importadoras, mientras que puede reducir la cantidad de pesos obtenida al convertir ingresos en dólares de empresas exportadoras. Un peso más débil invierte parte de esa relación. De ahí que ni un déficit comercial ni un movimiento del USD/MXN puedan calificarse como positivos o negativos para toda la economía.
Lo que conviene vigilar antes de llamar esto una nueva tendencia
Los datos de julio son cifras oportunas, por lo que todavía pueden revisarse. El propio dato de junio muestra por qué importa ese detalle: el boletín publicado inicialmente reportó un superávit de 4,090 millones de dólares, mientras que la actualización utilizada para comparar julio lo sitúa en 4,060 millones.
La siguiente publicación de la balanza comercial está programada para el 28 de septiembre. Ahí convendrá comprobar si continúan el fuerte crecimiento de las manufacturas no automotrices y las importaciones de bienes intermedios, si vuelve a ampliarse el superávit no petrolero y qué ocurre con el déficit petrolero. También será relevante comparar nuevamente cifras originales y desestacionalizadas.
Lo que cambió en julio está claro: México registró un fuerte crecimiento exportador y, aun así, volvió al déficit en las cifras originales porque las importaciones avanzaron más. Lo que todavía no puede afirmarse es que el sector externo haya entrado en una tendencia de deterioro o que este dato determine la dirección del peso. Para el USD/MXN, la balanza comercial suma información; no sustituye al resto de las fuerzas que mueven el mercado.









