La tercera ronda se concentra en autos, acero y seguridad económica
Los equipos de México y Estados Unidos se reunieron en la Ciudad de México para tres días de conversaciones. La agenda incluye acero y aluminio, automóviles, agricultura, trabajo, seguridad económica y servicios de pagos electrónicos. El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, también tiene previsto reunirse con el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y con la presidenta Claudia Sheinbaum durante su visita al país.
La ronda da continuidad a los encuentros previos. En junio, ambas delegaciones reportaron avances en reglas de origen para ciertos bienes industriales y en seguridad económica, además de conversaciones iniciales sobre agricultura, trabajo y medio ambiente. También abordaron los sectores automotriz, siderúrgico y del aluminio, donde siguen concentrándose varias de las diferencias más sensibles.
Para Washington, la negociación tiene además un componente de déficit comercial. El intercambio de bienes dejó a Estados Unidos un saldo negativo cercano a 197,000 millones de dólares con México en 2025, frente a 168,600 millones un año antes. Esa brecha forma parte de la presión estadounidense para aumentar el contenido regional y relocalizar una mayor proporción de la producción dentro de su territorio.
Los nuevos aranceles son de Estados Unidos, no de Canadá
El punto que debe aclararse es el origen de la nueva medida. Los aranceles fueron anunciados por Estados Unidos sobre importaciones procedentes de Canadá, no por Canadá. La administración estadounidense anunció un gravamen adicional de 50% para productos de los sectores automotriz, bebidas alcohólicas y lácteos, con una cobertura cercana a 20,000 millones de dólares y entrada en vigor prevista 30 días después del anuncio.
La decisión eleva la tensión entre dos socios del T-MEC justo cuando México y Estados Unidos sostienen una mesa bilateral. Canadá no participa en esta ronda, pero el acuerdo sigue siendo trilateral. Por eso, cualquier entendimiento entre Washington y México sobre reglas de origen, acero, aluminio o acceso de mercancías de terceros países tendrá que convivir con los compromisos que también vinculan a Ottawa.
El 1 de julio, Estados Unidos no aceptó extender el tratado por otro periodo de 16 años en su forma actual. Eso no significa que el T-MEC haya terminado. El acuerdo permanece vigente y, al no existir una extensión conjunta, el mecanismo prevé revisiones anuales durante el resto de su plazo, con la posibilidad de que los tres países acuerden posteriormente una nueva prórroga.

Qué está en juego para México
El sector automotriz aparece como uno de los principales focos de riesgo. Reuters informó que Estados Unidos planteó elevar a 50% la proporción del valor de un vehículo que tendría que originarse en territorio estadounidense. Se trata de una propuesta, no de una regla acordada. Si avanzara, podría obligar a fabricantes y proveedores a revisar compras, procesos productivos y decisiones de inversión en plantas mexicanas.
El efecto tampoco sería igual para todas las empresas. Las compañías con mayor contenido regional y cadenas de suministro más integradas podrían adaptarse con menos fricción que aquellas dependientes de insumos externos. En acero, aluminio, agricultura y servicios digitales, los costos dependerán de las excepciones, los calendarios y la forma final de cualquier acuerdo, aspectos que todavía no están definidos.
Para el peso mexicano, la clave no es un solo anuncio, sino el grado de certidumbre que deje la negociación. Un proceso ordenado podría reducir parte del riesgo comercial; una escalada de aranceles o reglas más restrictivas podría presionar las expectativas de inversión y crecimiento. Aun así, no es correcto atribuir cualquier movimiento del USD/MXN únicamente al T-MEC: también influyen el dólar global, las decisiones de la Fed y Banxico, el diferencial de tasas y el apetito internacional por riesgo.
Qué debe vigilarse al cierre de la ronda
El primer dato relevante será si las delegaciones publican compromisos concretos o únicamente una declaración de continuidad. Para México importan especialmente las reglas de origen automotrices, el tratamiento al acero y al aluminio, las condiciones para insumos de fuera de Norteamérica y cualquier modificación que pueda alterar los costos de exportación.
También será importante saber cuándo Canadá volverá a integrarse a una negociación trilateral. Mientras Washington mantenga un frente arancelario separado contra Ottawa, México tendrá margen para avanzar en asuntos bilaterales, pero no para cerrar por sí solo los temas que requieren el consenso de los tres socios.
El embajador mexicano en Washington ha expresado la expectativa de alcanzar un entendimiento antes de terminar 2026, pero ese objetivo no es un compromiso cerrado. Lo confirmado es que las conversaciones se reanudaron y que la presión comercial aumentó. Lo que todavía no puede afirmarse es que exista un paquete final, que las nuevas reglas sean inevitables o que el tratado esté por desaparecer. El siguiente paso será revisar los resultados de esta ronda y la respuesta de Canadá antes de medir el impacto real para empresas, inversión y tipo de cambio.









