Qué llevó a los bonos de Estados Unidos a máximos de dos meses
El rendimiento del bono a 10 años avanzó este miércoles 22 de julio, mientras el de 30 años se mantuvo claramente por encima de 5%. El cierre oficial del Tesoro del martes había sido de 4.63% y 5.13%, respectivamente. Cuando el rendimiento sube, el precio del bono baja: los inversionistas están exigiendo una mayor compensación para prestar su dinero a largo plazo.
La presión más inmediata vino del nuevo avance del petróleo por las tensiones en Medio Oriente. Un crudo más caro no garantiza por sí solo una nueva ola inflacionaria, pero eleva el riesgo de que la energía, el transporte y otros costos vuelvan a presionar los precios. Esa preocupación ganó terreno pese a las señales más favorables que habían dejado los datos de inflación estadounidense de junio.
El punto clave es que los rendimientos largos no dependen únicamente de la próxima decisión de la Reserva Federal. También incorporan expectativas de inflación y crecimiento, además de la compensación que exige el mercado por inmovilizar recursos durante más tiempo, conocida como prima por plazo. Las minutas de junio de la Fed ya habían detectado mayores tasas reales y un aumento de esa prima.
Por qué el movimiento importa para el peso y las tasas en México
Para México, el primer canal es el tipo de cambio. Un mayor rendimiento en los bonos estadounidenses puede hacer más atractivos los activos denominados en dólares y reducir, en el margen, el apetito por monedas emergentes. Eso puede presionar al peso, aunque no ocurre de forma automática: durante la mañana, el USD/MXN se mantenía cerca de 17.39 pesos por dólar, prácticamente sin cambios.
El segundo canal pasa por Banxico. La tasa objetivo mexicana se encuentra en 6.50%, frente al rango de 3.50% a 3.75% de los fondos federales en Estados Unidos. El diferencial sigue siendo amplio, pero una curva estadounidense más alta puede restar parte del atractivo relativo de los instrumentos mexicanos. Esto no obliga a Banxico a cambiar su tasa; sí añade una variable al balance entre inflación, actividad económica y estabilidad cambiaria.
Si los rendimientos estadounidenses permanecen elevados, también podrían aumentar la rentabilidad que exigen los inversionistas para financiar al gobierno y a las empresas mexicanas a plazos largos. El traslado hacia créditos empresariales, hipotecas u otros productos sería indirecto y gradual, no inmediato. Banxico mostró en junio que la relación tampoco es mecánica: las tasas estadounidenses habían subido mientras las mexicanas bajaron en la mayoría de los plazos.

Qué deben vigilar ahora los mercados en México
La siguiente referencia será la reunión de la Fed del 28 y 29 de julio. El escenario predominante es que la tasa permanezca sin cambios, pero el alza de los rendimientos muestra que los inversionistas todavía contemplan una política más restrictiva posteriormente. El tono del comunicado será tan importante como la decisión, especialmente cualquier señal sobre energía, inflación y tasas reales.
Después vendrá Banxico, cuyo siguiente anuncio está programado para el 6 de agosto. Para el banco central mexicano importará si el movimiento de los Treasurys se traduce en un dólar más fuerte, mayor volatilidad del peso o nuevas presiones de costos. También deberá distinguir entre un choque temporal del petróleo y un deterioro persistente de las expectativas de inflación.
El cambio confirmado es que el costo de referencia de largo plazo en Estados Unidos volvió a subir. Lo que todavía no puede afirmarse es que haya comenzado una tendencia sostenida, que el peso deba depreciarse o que Banxico vaya a modificar su postura. Las claves serán la evolución del petróleo, la permanencia de los rendimientos en estos niveles y los próximos mensajes de la Fed y Banxico.









