La Organización Meteorológica Mundial anticipa un rápido fortalecimiento del fenómeno durante julio, agosto y septiembre. Su escenario central apunta a un episodio fuerte, con una anomalía media cercana a 2 °C en el Pacífico tropical y probabilidades superiores a 90% de que las condiciones de El Niño dominen durante los próximos meses.
Eso convierte al clima en una variable relevante para las materias primas agrícolas, pero no en una señal automática de precios más altos. El impacto dependerá de dónde aparezcan las sequías, lluvias excesivas o temperaturas extremas, en qué etapa se encuentre cada cultivo y cuánto inventario tenga disponible el mercado.
Café y azúcar concentran el riesgo climático más visible
El café y el azúcar están entre los productos que más atención reciben cuando aparece El Niño porque su oferta depende de un grupo reducido de países tropicales. Una alteración en las lluvias de Brasil, Vietnam, India o Tailandia puede afectar las expectativas de cosecha y generar volatilidad antes de que el daño sea visible en los datos de producción.
Para seguir el café conviene distinguir el producto que marca la referencia financiera. El contrato Coffee C de ICE Futures U.S. es el principal referente internacional del café arábica y se cotiza en centavos de dólar por libra. No representa directamente el precio de una taza en México ni el costo exacto que paga una empresa tostadora, pero ayuda a leer cómo está cambiando la valoración internacional del grano.
En el azúcar, la referencia internacional más utilizada es el futuro Sugar No. 11 de ICE, que refleja azúcar cruda de caña para entrega física. El mercado sigue especialmente a India y Tailandia porque un monzón débil puede reducir rendimientos o provocar restricciones a las exportaciones. La FAO ya señaló que la preocupación por El Niño en esos productores frenó parte de la reciente caída de los precios internacionales del azúcar.
La lectura para México no debe quedarse en los futuros. El efecto final también depende de inventarios, contratos de importación, costos de transporte, márgenes de procesamiento y tipo de cambio. Un peso relativamente firme puede amortiguar parte del encarecimiento de una materia prima cotizada en dólares; un dólar más caro frente al peso puede hacer lo contrario.
Maíz y trigo importan más por la sensibilidad de México a las importaciones
En granos, la atención debe concentrarse en maíz, trigo y, en menor medida, soya. Al corte consultado del mercado CME, el futuro de maíz de diciembre rondaba 460.5 centavos de dólar por bushel, la soya de noviembre se situaba alrededor de 1,192 centavos y el trigo suave rojo de Chicago de septiembre operaba cerca de 645.25 centavos. Son contratos de futuros estadounidenses, no precios minoristas mexicanos.
Estos niveles sirven como termómetro, pero no bastan para anticipar el precio de la tortilla, el pan o el alimento pecuario. El vencimiento del contrato, la base regional, los fletes, la calidad del grano y el USD/MXN pueden cambiar la lectura para México.
La sensibilidad mexicana es relevante porque el país seguirá dependiendo de compras externas para cubrir una parte importante de su consumo. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos prevé que las importaciones mexicanas de maíz, trigo y arroz aumenten durante el ciclo 2026/2027, debido a que la producción nacional continuará siendo insuficiente frente a la demanda.
Su actualización de junio estima una producción mexicana de maíz de 24.3 millones de toneladas, 2% menos que en el ciclo anterior, y compras externas de 27 millones de toneladas, 2% más. Para el trigo, proyecta una recuperación de la producción hasta 2 millones de toneladas, aunque las importaciones seguirían siendo necesarias.
Esto significa que una sequía en Estados Unidos o una alteración grave de las cosechas mundiales puede transmitirse a México por dos vías: el precio internacional del grano y el tipo de cambio. También puede trasladarse de forma indirecta al costo de la carne, el huevo o los lácteos cuando suben los insumos utilizados para alimentar ganado y aves.

La inflación todavía no confirma un choque generalizado de alimentos
El escenario exige vigilancia, pero todavía no muestra una subida uniforme de las materias primas agrícolas. El índice de precios de los alimentos de la FAO cayó 0.3% mensual en junio, hasta 130.3 puntos, porque los descensos en cereales, azúcar y lácteos compensaron el avance de aceites vegetales y carne. Frente a junio de 2025, el indicador se encontraba 1.7% arriba.
Ese dato importa porque evita una conclusión precipitada: El Niño eleva el riesgo de disrupciones, pero no garantiza un repunte inmediato de todos los precios. Las buenas cosechas, los inventarios y la disponibilidad exportadora todavía pueden contener algunos mercados.
En México, la inflación general anual bajó a 3.37% en junio de 2026. El INEGI registró una caída mensual de 0.27%, aunque productos como la papa y el aguacate ejercieron presión al alza mientras el jitomate, el huevo y algunos chiles bajaron. Esta dispersión muestra por qué un índice general puede ocultar movimientos importantes dentro de la canasta alimentaria.
Para el mercado mexicano, el punto clave será distinguir un movimiento temporal de una presión más persistente. Una mala cosecha aislada puede generar volatilidad durante varias semanas; un episodio fuerte que afecte simultáneamente a varios productores puede trasladarse a alimentos procesados, expectativas de inflación y decisiones de Banxico.
Qué deben vigilar los traders y consumidores en México
En café y azúcar, las primeras referencias serán los pronósticos de lluvia para Brasil, India, Tailandia y Vietnam, además de las estimaciones de cosecha y cualquier restricción a las exportaciones. En granos, el foco estará en el clima del cinturón agrícola estadounidense, los reportes del USDA, los inventarios y el avance de las cosechas.
El dólar será otra pieza central. Las materias primas agrícolas se negocian internacionalmente en esa divisa, por lo que una depreciación del peso puede amplificar un aumento externo. La relación no es mecánica: contratos, coberturas y producción nacional pueden retrasar o reducir el traslado al consumidor.
Quienes siguen estos mercados mediante futuros, ETF o CFD también deben identificar el instrumento real. Un futuro de café o maíz tiene vencimiento y especificaciones propias; un CFD incorpora condiciones del broker, spread, margen, posibles ajustes y riesgo de apalancamiento. Seguir una materia prima no equivale a comprar físicamente el producto, y una mayor volatilidad puede ampliar tanto los movimientos como el costo y el riesgo de la operación.
La segunda mitad de 2026 no exige asumir que viene una nueva crisis alimentaria. Exige vigilar dónde se materializa El Niño, cómo reaccionan las cosechas y cuánto del movimiento internacional llega a México a través de las importaciones y del USD/MXN. El clima abre el riesgo; los datos de producción, inventarios y comercio dirán si ese riesgo termina convirtiéndose en inflación.









