Hormuz pierde tráfico y el mar Rojo sigue débil: el riesgo energético que México debe vigilar

  • El estrecho de Hormuz volvió a operar con tráfico reducido tras nuevos ataques contra buques, mientras Bab el-Mandeb mantiene flujos por debajo de los niveles previos a 2023. La reacción ya alcanzó al Brent y al WTI, con posibles efectos sobre energía, inflación y volatilidad para México.

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Petroleros cruzan una ruta marítima afectada por el riesgo en Hormuz y el mar Rojo
Petroleros cruzan una ruta marítima afectada por el riesgo en Hormuz y el mar Rojo

Hormuz vuelve a frenar el paso de buques y petroleros

La actualización marítima más reciente del Joint Maritime Information Center, publicada el 14 de julio, calificó como severo el nivel de amenaza en el estrecho de Hormuz. El organismo reportó ataques contra tres petroleros el 13 de julio, además de vigilancia, hostigamiento, interferencias de navegación y riesgo de minas en las rutas utilizadas por los buques comerciales.

El dato que cambia la lectura no es solo la tensión política. Es el tráfico real. El informe contabilizó tres tránsitos de carga y un petrolero el 12 de julio, frente a nueve buques de carga y tres petroleros el día siguiente. Son cifras muy alejadas del promedio histórico aproximado de 138 embarcaciones diarias citado por el propio JMIC.

La reducción implica que una parte de los operadores está retrasando cruces, esperando asistencia naval o evaluando rutas alternativas. Incluso cuando el petróleo sigue circulando, un paso más lento puede elevar seguros, fletes, tiempos de entrega y primas de riesgo. Para el mercado, eso importa casi tanto como una interrupción física inmediata.

Hormuz sigue siendo el cuello de botella energético más sensible del mundo. La Administración de Información Energética de Estados Unidos estimó que por esa vía circularon alrededor de 20 millones de barriles diarios durante 2024, equivalentes a cerca de una quinta parte del consumo mundial de petróleo y productos líquidos. También pasó por allí alrededor de una quinta parte del comercio global de gas natural licuado.

El mar Rojo no está cerrado, pero tampoco ha recuperado su normalidad

La situación en Bab el-Mandeb, la entrada meridional al mar Rojo, es distinta. El JMIC no reportó ataques confirmados contra buques mercantes durante las 48 horas anteriores a su informe y mantuvo el riesgo regional en nivel moderado. Sin embargo, registró 99 tránsitos en dos días y aclaró que el flujo seguía por debajo de la referencia previa a 2023.

Eso evita presentar al mar Rojo como una ruta completamente bloqueada, pero tampoco permite hablar de normalización. Parte de las navieras continúa usando trayectos más largos alrededor del cabo de Buena Esperanza, especialmente cuando considera que el ahorro de cruzar Suez no compensa el riesgo de seguridad, los seguros adicionales o la posibilidad de retrasos.

La diferencia entre ambos cuellos de botella es importante. En Hormuz está en juego la salida directa de petróleo y gas del Golfo Pérsico. En Bab el-Mandeb, el impacto principal pasa por la conexión entre Asia, Medio Oriente, Suez y Europa. Si ambos corredores sufren restricciones al mismo tiempo, las alternativas logísticas se reducen y aumenta la presión sobre rutas, oleoductos y puertos de respaldo.

Para quienes siguen el mercado desde México, la clave está en no confundir amenaza con interrupción confirmada. El mar Rojo conserva tráfico comercial y no registró ataques recientes en el periodo revisado. Hormuz, en cambio, presenta una reducción visible de tránsitos y ataques documentados contra petroleros. Esa diferencia explica por qué el mercado está colocando una prima mayor sobre el crudo.

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Brent y WTI reaccionan al riesgo de suministro

El petróleo subió con fuerza durante la semana. En las primeras operaciones del 17 de julio, el Brent cotizaba alrededor de 84.57 dólares por barril y el futuro del WTI cerca de 79.60 dólares, con avances semanales superiores al 10% ante la intensificación del conflicto y el temor a nuevas restricciones de suministro.

Conviene distinguir ambas referencias. El Brent refleja mejor el mercado internacional y suele reaccionar con mayor sensibilidad a los riesgos marítimos de Medio Oriente. El WTI es la referencia estadounidense, aunque también incorpora cambios en oferta global, inventarios, demanda y sentimiento de riesgo.

La subida contrasta con el escenario que la EIA presentó apenas el 7 de julio. Entonces, el organismo esperaba que la recuperación del tráfico por Hormuz ayudara a normalizar la producción mundial y calculaba un Brent promedio de 74 dólares en el tercer trimestre. La nueva escalada demuestra que esas proyecciones dependen de que la reapertura sea estable y de que los ataques no vuelvan a frenar los flujos.

El mercado no está valorando únicamente barriles perdidos. También está incorporando la posibilidad de interrupciones, mayores costes logísticos y nuevas demoras. Esa prima puede desaparecer con rapidez si el tráfico se estabiliza, pero también puede aumentar si disminuyen los cruces, se dañan instalaciones o las navieras amplían sus desvíos.

Para un trader mexicano, operar petróleo mediante futuros o CFD no equivale a comprar crudo físico. El precio de referencia puede ser similar, pero cambian el margen, el apalancamiento, el spread, los swaps y el riesgo de ejecución. Antes de usar estos instrumentos conviene revisar una comparativa de brokers para materias primas y entender las diferencias entre los brokers que ofrecen CFDs.

Qué significa para México y qué debe vigilar el mercado

México produce petróleo, pero también importa combustibles y participa en un mercado energético conectado con Estados Unidos. Un Brent o un WTI más caros pueden trasladarse a costes de refinación, transporte, petroquímica y combustibles, aunque el efecto final sobre precios domésticos también depende del peso mexicano, la política fiscal y las decisiones gubernamentales.

El tipo de cambio entra en la ecuación porque el petróleo se cotiza en dólares. Si el crudo sube mientras el peso se debilita, el coste en moneda nacional puede aumentar con mayor rapidez. Si el peso se fortalece, puede amortiguar parte del impacto. Por eso, la lectura para México no pasa únicamente por el barril: también importa el comportamiento del dólar y del USD/MXN.

Para quienes operan desde México, los siguientes datos serán más útiles que cualquier titular geopolítico: el número de petroleros que logra cruzar Hormuz, los reportes de nuevos ataques, la contratación de seguros marítimos, los desvíos por el cabo de Buena Esperanza y la evolución del diferencial entre Brent y WTI.

También conviene vigilar si la subida del crudo alcanza a gasolina y diésel. La EIA ya había advertido que las restricciones anteriores en Hormuz elevaron los precios de combustibles y obligaron a cerrar producción en varios países del Golfo. Un nuevo deterioro podría revivir esa presión, aunque todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que el escenario de abril se repetirá.

El punto clave es concreto: Hormuz muestra una caída verificable del tráfico, mientras Bab el-Mandeb mantiene actividad, pero por debajo de su normalidad histórica. Mientras esa combinación continúe, Brent y WTI seguirán sensibles a cada reporte marítimo. Para México, el riesgo debe leerse a través de energía, inflación, dólar y condiciones reales de operación, no como una señal automática de compra o venta.

Esta noticia ha sido elaborada por Gabriel Zarza

Gabriel Zarza

Gabriel Zarza

Especialista

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Especialista en Forex y materias primas