Qué cambió en la subasta de CETES del 14 de julio

Los resultados publicados por Banco de México muestran una curva ascendente por nivel de rendimiento, pero con variaciones semanales mixtas. El CETE a 28 días se colocó con una tasa de 6.20%, nueve puntos base menos que en la subasta anterior. El plazo de 91 días subió 14 puntos base, hasta 6.63%.

En los vencimientos más largos, el CETE de 175 días quedó en 6.75%, un punto base menos, mientras que el instrumento de 693 días se colocó en 7.94%, cuatro puntos base por debajo del resultado previo. Un punto base equivale a una centésima de punto porcentual.

La lectura correcta tiene dos partes. En niveles, el mercado pidió una tasa mayor conforme aumentó el plazo: 6.20% a un mes frente a 7.94% cerca de dos años. Sin embargo, al comparar cada instrumento con su subasta anterior, los movimientos no fueron en una sola dirección.

Eso explica la expresión “curva mixta”: no significa que los rendimientos estén desordenados, sino que cada tramo reaccionó de forma diferente frente a la semana previa.

Por qué las tasas no se mueven igual aunque Banxico siga en pausa

Banxico mantuvo el 25 de junio su tasa de referencia en 6.50%, después de haberla reducido en mayo. La decisión fue unánime y el banco central consideró apropiado conservarla en ese nivel para enfrentar los riesgos del entorno inflacionario y económico.

Esa tasa influye con mayor fuerza en el costo del dinero de muy corto plazo, pero no fija directamente el rendimiento de todos los CETES. Los instrumentos se colocan mediante subastas y su tasa depende del precio que estén dispuestos a aceptar los participantes.

El CETE a 28 días, por ejemplo, quedó en 6.20%, por debajo de la tasa objetivo de Banxico. Esa diferencia puede reflejar condiciones de liquidez y expectativas sobre el rendimiento promedio que prevalecerá durante la vida del instrumento. No demuestra por sí sola que Banxico vaya a recortar en su siguiente reunión.

En los plazos de tres meses, seis meses o casi dos años entran más variables: la trayectoria esperada de la inflación, las futuras decisiones monetarias, el comportamiento de las tasas estadounidenses, el tipo de cambio y la prima que exige el mercado por inmovilizar recursos durante más tiempo.

Por eso, una pausa de Banxico puede convivir con una subida en un tramo y una baja en otro. La tasa objetivo representa la postura monetaria vigente; la curva de CETES reúne expectativas sobre distintos horizontes. Son referencias relacionadas, pero no equivalentes.

La inflación ayuda, pero todavía deja un matiz para los plazos largos

La inflación general de México bajó a 3.37% anual en junio, desde 3.94% en mayo. El descenso mensual de 0.27% estuvo relacionado principalmente con la caída de los precios no subyacentes, entre ellos varias frutas y verduras.

El matiz está en la inflación subyacente, que excluye los productos más volátiles y suele ofrecer una señal más estable sobre las presiones de precios. Este componente se ubicó en 4.03% anual, todavía por encima de la meta permanente de 3% de Banxico. Dentro de él, los servicios aumentaron 4.49% anual y los alimentos procesados, bebidas y tabaco avanzaron 5.08%.

Una inflación general más baja puede favorecer rendimientos nominales menores en algunos plazos. Pero la persistencia subyacente, los riesgos para el peso y el entorno internacional pueden mantener una prima mayor en vencimientos largos.

Banxico ya había advertido que el balance de riesgos para la inflación seguía sesgado al alza. Entre los factores señalados estaban la persistencia subyacente, las presiones de costos, los conflictos geopolíticos, la política comercial y una posible depreciación del peso mexicano.

Así, el rendimiento de 7.94% en el CETE de 693 días no debe interpretarse únicamente como una previsión de que la tasa de Banxico permanecerá alta durante todo ese periodo. También incorpora incertidumbre y la compensación exigida por comprometer recursos durante un plazo considerablemente mayor.

Qué significa la curva para quienes siguen los CETES en México

Para los hogares, la primera consecuencia es que no existe una sola “tasa de CETES”. El rendimiento cambia según el vencimiento y puede modificarse de una subasta a otra, incluso cuando Banxico no mueve su referencia.

Un plazo largo puede ofrecer una tasa nominal mayor, pero también implica mantener las condiciones pactadas durante más tiempo. Un plazo corto permite renovar antes, aunque la tasa disponible en la siguiente subasta podría ser mayor o menor. Esa diferencia no convierte automáticamente a un vencimiento en mejor que otro: depende del horizonte, la liquidez necesaria y la evolución de las tasas.

También importa distinguir entre rendimiento nominal y rendimiento real. Con una inflación anual de 3.37%, las tasas actuales conservan un margen positivo antes de impuestos, pero ese cálculo utiliza inflación pasada. El poder adquisitivo efectivo dependerá de los precios que se observen durante la vigencia del instrumento, no únicamente del último dato publicado.

La siguiente decisión programada de política monetaria de Banxico será el 6 de agosto, un día antes de que INEGI publique la inflación de julio. Esa secuencia obliga al banco central y al mercado a trabajar con los datos disponibles hasta ese momento, además de las expectativas y los riesgos externos.

La subasta del 14 de julio no señala un giro definitivo. Muestra algo más útil: la pausa de Banxico no congela toda la curva. El tramo corto sigue muy ligado a las condiciones monetarias inmediatas, mientras los plazos mayores incorporan una combinación más amplia de inflación esperada, riesgo y horizonte. Las próximas subastas dirán si los movimientos mixtos fueron puntuales o empiezan a formar una señal más consistente.

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