La urea cae, pero los fosfatos no siguen la misma ruta
Los datos publicados el 4 de agosto por el Banco Mundial muestran una separación clara. Entre junio y julio, su referencia de urea pasó de 453.1 a 400 dólares por tonelada. En contraste, la roca fosfórica subió de 156.9 a 170 dólares. El DAP apenas bajó 0.3%, el TSP cedió 2.2% y el cloruro de potasio retrocedió cerca de 1.5%.
La diferencia no es menor. La roca fosfórica es un insumo de la cadena de fertilizantes fosfatados, mientras que DAP y TSP son productos procesados. Además, las referencias del Banco Mundial corresponden a distintos mercados físicos: DAP en el Golfo de Estados Unidos, roca fosfórica del norte de África, potasa entregada en Brasil, TSP importado en Estados Unidos y urea granulada o perlada con referencia FOB de Medio Oriente. No representan una sola cotización ni un instrumento financiero único.
La urea está especialmente ligada al costo del gas natural, la producción de amoniaco y los flujos comerciales de nitrógeno. Los fosfatados dependen de otra cadena, en la que pesan la roca fosfórica, el azufre, el amoniaco, la capacidad industrial y las restricciones de exportación. El Banco Mundial ya había advertido que el encarecimiento del azufre y las interrupciones logísticas estaban presionando al DAP, mientras que la oferta de potasa presentaba un panorama relativamente más cómodo.
En México, la fórmula del cultivo importa más que el índice
La urea 46-00-00 aporta principalmente nitrógeno. El DAP 18-46-00 combina nitrógeno y fósforo. Esa diferencia determina el uso agronómico y también la exposición económica: un productor que concentra su programa de fertilización en urea puede recibir un alivio distinto al de quien necesita una proporción mayor de DAP, TSP o potasio.
Las guías oficiales mexicanas muestran que tampoco existe una receta uniforme. En Veracruz, por ejemplo, los paquetes para maíz incluyen más bultos de urea que de DAP, mientras que para frijol la distribución es equilibrada. En otros estados cambian las dosis y los cultivos considerados, entre ellos arroz, trigo, sorgo, avena, garbanzo y soya. Las recomendaciones deben ajustarse al análisis del suelo, la región, el rendimiento esperado y la tecnología de producción.
Esto cambia la lectura del titular. Una caída de 11.7% en la urea no implica una reducción equivalente en el presupuesto total de fertilización. Puede beneficiar más a sistemas intensivos en nitrógeno, pero ofrecer poco alivio a programas donde pesan los fosfatos, la potasa o las mezclas NPK. También importa cuándo se compra: la cotización internacional de julio puede tardar en trasladarse a inventarios que ya fueron importados, financiados y distribuidos.

Importaciones y USD/MXN: el segundo filtro del costo
México mantiene una exposición considerable al mercado internacional. En mayo de 2026 importó fertilizantes por 270 millones de dólares y exportó 16.1 millones, con un déficit mensual de 254 millones. En el caso específico de la urea, las importaciones alcanzaron 121 millones de dólares durante ese mes, frente a exportaciones por apenas 150,000 dólares.
La misma diferencia aparece en los fosfatos. México importó DAP por 18 millones de dólares en mayo, sin exportaciones registradas ese mes. En 2024, sus principales proveedores fueron Rusia, China, Estados Unidos y Marruecos. Los fertilizantes potásicos también presentan un saldo deficitario: en abril de 2026 las compras externas sumaron 26.9 millones de dólares, frente a exportaciones por 332,000 dólares.
Por eso, el costo en México pasa por un segundo filtro: el tipo de cambio y la logística. Si el peso se fortalece, puede amortiguar parte del precio internacional; si se debilita, puede borrar una porción del descenso. A eso se agregan flete, seguros, almacenamiento, presentación comercial, financiamiento, margen del distribuidor y distancia hasta la zona productora. Las tasas de interés también entran en la ecuación porque modifican el costo de mantener inventarios o financiar la compra, aunque no cambien el valor agronómico del producto.
Qué debe vigilar ahora el mercado agrícola
El primer dato será la siguiente actualización del Banco Mundial. Conviene observar si la urea se mantiene cerca de 400 dólares por tonelada o si vuelve a reaccionar ante compras estacionales, costos energéticos o interrupciones comerciales. En fosfatos, la atención seguirá sobre el azufre, el amoniaco, las exportaciones chinas y la capacidad de producción del norte de África y Medio Oriente.
Para una decisión agrícola en México, la referencia global debe compararse con una cotización local de la misma fórmula, presentación y región. El SNIIM dispone de un módulo de insumos agrícolas con información por producto, destino y periodo, mientras que FIRA ofrece estimaciones de costos por cultivo, estado y tecnología. Esa estructura confirma que hablar de un único “precio mexicano del fertilizante” puede ocultar diferencias importantes.
La noticia no es que todos los fertilizantes estén bajando. La señal de julio es que nitrógeno, fosfatos y potasa están recorriendo caminos distintos. Para el productor, empresa agrícola o analista en México, el punto clave está en identificar qué nutrientes pesan en el siguiente ciclo, cuál es la cotización local y cuánto puede modificarla el USD/MXN.









