La presidenta Claudia Sheinbaum dijo el 21 de septiembre que su gobierno está buscando qué compras que hoy se hacen a otros países podrían redirigirse hacia proveedores estadounidenses. El objetivo planteado por Washington es reducir su déficit comercial con México. Reuters reportó la declaración, pero el mensaje no incluyó productos, volúmenes ni calendario de compras.
Ese matiz es importante. La idea ya había aparecido en declaraciones oficiales del 4 de septiembre, cuando Sheinbaum explicó que la Secretaría de Economía analizaba cómo comprar más a Estados Unidos en lugar de otros mercados. El 18 de septiembre, tras una llamada con Donald Trump, la Presidencia mexicana señaló que las conversaciones avanzaban, pero que todavía no existía un acuerdo final que pudiera anunciarse. En 2025, el déficit de Estados Unidos en el comercio de bienes con México fue de unos 197,000 millones de dólares, según la USTR.
Qué está realmente sobre la mesa
Por ahora, la noticia es una posible reorientación del origen de algunas importaciones mexicanas, no un programa confirmado de compras extraordinarias de materias primas. Esa diferencia importa: sustituir un proveedor por otro no implica necesariamente que México vaya a consumir más del producto en términos totales.
La agricultura sí tiene una base más concreta para entrar en la conversación. En la tercera ronda bilateral vinculada a la revisión del T-MEC, celebrada en julio, México y Estados Unidos incluyeron agricultura entre los temas tratados, junto con seguridad económica, trabajo, acero, aluminio, automóviles y servicios de pagos. Sin embargo, el comunicado conjunto tampoco identificó materias primas específicas.
Para el mercado faltan cuatro piezas: qué productos, qué volumen, en qué plazo y mediante qué mecanismo. No es lo mismo que empresas privadas cambien de proveedor por precio y logística a que exista una política pública, un compromiso de compra o un ajuste arancelario. Sin esos detalles, hablar de un impulso seguro para una materia prima sería adelantarse a la evidencia.
Granos y oleaginosas tienen la base comercial más visible
Si se busca dónde mirar primero, los datos existentes colocan a los productos agrícolas en una posición relevante. Estados Unidos suministró alrededor de 65.5% de las importaciones agrícolas mexicanas en 2025, según el Departamento de Agricultura estadounidense. Maíz y soya estuvieron además entre los principales productos agrícolas vendidos por Estados Unidos a México.
Casi tres cuartas partes de las exportaciones agrícolas estadounidenses hacia México corresponden a granos, oleaginosas, carne o productos relacionados. Esto no confirma nuevas compras de maíz o soya, pero sí explica por qué esos mercados merecen seguimiento si las negociaciones empiezan a traducirse en una lista concreta.
Para un trader mexicano, el punto no es asumir que el maíz o la soya “van a subir”. Un cambio de origen puede afectar flujos, diferenciales regionales, fletes o costos de alimentación animal sin modificar de la misma forma la demanda global. Quien siga estos mercados mediante plataformas también debe distinguir el precio físico de la exposición vía futuros o CFDs; nuestra guía de mejores brokers para operar materias primas ayuda a revisar esa diferencia y los riesgos del instrumento.
Gas natural y combustibles: mucho comercio, pero una señal más compleja
La energía también pesa mucho en la relación bilateral. El Gobierno de México informó en agosto que el país consume alrededor de 9.1 mil millones de pies cúbicos diarios de gas natural y que cerca de 75% se importa desde Estados Unidos. Por su parte, la EIA registró a México como el principal destino por volumen de gasolina, destilados y combustible para aviación exportados por Estados Unidos en 2025; solo la gasolina promedió 486,000 barriles diarios.
Pero aquí aparece un matiz que no conviene ignorar. La propia estrategia energética mexicana busca reducir la dependencia del gas importado, aunque mantenga contratos y continúe comprando una parte importante a Estados Unidos. Sheinbaum dijo en agosto que esas importaciones seguirán, pero que el objetivo es evitar que la dependencia continúe creciendo. Por eso, presentar al gas natural como beneficiario evidente del nuevo planteamiento comercial sería demasiado concluyente.
También hay que separar activos. Hablar de gasolina, diésel o turbosina importados no equivale a hablar de más compras de crudo WTI o Brent. Hasta ahora no hay un anuncio que confirme mayores adquisiciones mexicanas de petróleo crudo estadounidense, gas natural o combustibles refinados. La relevancia energética viene del tamaño de los flujos que ya existen, no de un compromiso nuevo documentado.
USD/MXN: el comercio importa, pero no es una señal cambiaria por sí sola
Una eventual sustitución de importaciones hacia Estados Unidos podría añadir demanda comercial de dólares en algunas transacciones si termina materializándose en contratos adicionales. Pero sin montos ni plazos no existe base para cuantificar ese efecto, y el USD/MXN responde también a tasas de interés, inflación, apetito por riesgo y expectativas sobre la relación comercial.
El contexto monetario merece especial atención esta semana. La Reserva Federal elevó el 16 de septiembre su rango objetivo a 3.75%-4.00%, mientras que Banxico mantiene su tasa objetivo en 6.50% y tiene programada una nueva decisión para el 24 de septiembre. Esas son referencias concretas de calendario para el dólar/peso; el planteamiento comercial, en cambio, todavía carece de cifras.
Por eso, quien siga el mercado Forex y sus brokers debería separar el titular comercial del catalizador cambiario. La clave no es asumir una dirección para el peso, sino vigilar si las negociaciones terminan produciendo compromisos medibles que cambien flujos de importación, costos o expectativas.
El siguiente dato útil no será otro rumor sobre sectores, sino una lista oficial de productos, volúmenes y plazos. Hasta que aparezca, granos y energía son áreas razonables para vigilar por su peso en el comercio México-Estados Unidos, pero no pueden tratarse como beneficiarios confirmados de un acuerdo que todavía no está cerrado.








