La inflación baja, pero el alivio no es igual en toda la canasta
La inflación general de México se ubicó en 3.10% anual durante la primera quincena de julio, su nivel más cercano en meses al objetivo permanente de Banxico de 3%, con un intervalo de variabilidad de un punto porcentual. El Índice Nacional de Precios al Consumidor avanzó 0.07% frente a la quincena anterior, menos que el 0.15% registrado en el mismo periodo de 2025, cuando la inflación anual era de 3.55%.
La cifra también fue ligeramente inferior a una referencia privada de Grupo Financiero Base, que esperaba una variación quincenal de 0.13% y una tasa anual de 3.15%. Sin embargo, la inflación subyacente permaneció en 3.95% anual, con los servicios en 4.36% y las mercancías en 3.52%. Esta parte del índice es importante para Banxico porque elimina los componentes más volátiles y suele mostrar con mayor claridad las presiones persistentes.
El descenso de la inflación general recibió ayuda del componente no subyacente, que cayó 0.23% en la quincena y apenas aumentó 0.21% anual. Las frutas y verduras bajaron 1.50% quincenal. Eso no significa que los precios estén cayendo de manera generalizada: significa que su incremento promedio perdió velocidad y que algunos productos volátiles ayudaron a contener el índice.
La economía avanza por tramos y mayo volvió a mostrar debilidad
El Indicador Global de la Actividad Económica retrocedió 0.3% mensual en mayo, después de haber avanzado 1.4% en abril. En comparación anual creció 2%, una cifra positiva que debe leerse con contexto: la economía no estaba en una caída generalizada, pero tampoco mantenía un avance estable de un mes a otro.
La debilidad se concentró principalmente en la actividad industrial. Las actividades secundarias disminuyeron 0.8% mensual, mientras las primarias bajaron 0.5% y las terciarias crecieron 0.2%. Dentro de la industria, la construcción cayó 3.7% y las manufacturas retrocedieron 0.1%. En términos anuales, las actividades secundarias no mostraron crecimiento, frente al avance de 2.6% en los servicios y de 7.7% en las actividades primarias.
La estimación oportuna del INEGI apunta a una recuperación moderada en junio: un aumento mensual de 0.2% y anual de 1.7%, apoyado por un avance de 2.2% en los servicios y de 0.5% en la industria respecto al año anterior. Pero el IOAE es una estimación econométrica, no el dato definitivo, y su intervalo estadístico permite resultados más débiles o más fuertes. La señal disponible es de actividad irregular, no de una contracción concluyente.
Las minutas más recientes de Banxico ya habían documentado esta fragilidad. El consumo privado disminuyó 0.8% trimestral durante los primeros tres meses del año y la inversión fija bruta cayó 1.9%. Para la Junta de Gobierno, la economía conserva condiciones de holgura y riesgos a la baja, lo que reduce la probabilidad de que una demanda excesiva esté alimentando la inflación.

La pausa sigue como escenario central, pero su costo es más visible
Banxico mantuvo por unanimidad la tasa de referencia en 6.50% el 25 de junio y consideró apropiado conservarla en ese nivel. El banco central reconoció que la economía podría haberse expandido en el segundo trimestre, pero también señaló debilidad, holgura y riesgos a la baja para la actividad. Al mismo tiempo, mantuvo inclinado al alza el balance de riesgos para la inflación, especialmente por la persistencia de los servicios.
Los nuevos datos no hacen automático un recorte en agosto. La inflación general ofrece una mejor fotografía, pero la subyacente continúa cerca de 4% y Banxico había revisado ligeramente al alza sus previsiones para ese componente durante parte de 2026. En una encuesta de Citi publicada el 7 de julio, la mediana situó la tasa en 6.50% al cierre del año y 27 de 37 participantes no señalaron una fecha para el siguiente movimiento. Es una expectativa de mercado, no un compromiso del banco central.
La reunión del 6 de agosto llegará, además, antes de que se publique el IGAE definitivo de junio, previsto para el 24 de agosto. Banxico tendrá la estimación oportuna, pero no toda la información confirmada sobre el ritmo de la economía. Esa diferencia refuerza el incentivo para actuar con prudencia y esperar más evidencia antes de modificar nuevamente la tasa.
Para el peso mexicano, la lectura es mixta. Una inflación menor y una economía débil podrían aumentar gradualmente el margen para bajar tasas, lo que reduciría parte del apoyo que ofrece el diferencial frente a Estados Unidos. Pero la inflación subyacente, los riesgos externos y la propia pausa de Banxico limitan esa conclusión. El USD/MXN también dependerá del dólar global, la Reserva Federal, el comercio y el apetito internacional por riesgo.
Para hogares y empresas, mantener la tasa implica que el alivio inflacionario no se traducirá de inmediato en crédito barato. Los costos financieros pueden tardar en ajustarse, mientras los rendimientos del ahorro tampoco cambian de forma uniforme. La clave para agosto será observar si Banxico concede más peso a la debilidad económica o sigue priorizando la persistencia de la inflación subyacente.
El dilema no es elegir entre una economía fuerte y una inflación descontrolada. Es decidir cuánto tiempo mantener una postura restrictiva cuando la inflación general mejora, pero los servicios siguen presionando y la actividad avanza de manera desigual. Un solo dato de precios no resuelve la inflación y un mes débil no confirma por sí solo una recesión.









