Jitomate, cebolla y gas LP: lo que más presionó el bolsillo
El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) se ubicó en 146.075 puntos tras aumentar 0.42% frente a agosto. La tasa anual pasó de 3.26% a 3.45%. El avance mensual coincidió con lo esperado por los economistas consultados en una encuesta, mientras que la inflación anual quedó ligeramente por debajo del 3.47% previsto. El repunte existió, pero no fue mayor de lo que anticipaba el mercado.
La presión vino sobre todo del componente no subyacente, donde se concentran productos cuyos precios suelen ser más volátiles. Ese índice aumentó 1.20% mensual; dentro de él, las frutas y verduras subieron 4.40% y los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, 0.41%. Entre los genéricos con mayor incidencia al alza destacaron el jitomate, con un aumento mensual de 30.25%; la cebolla, con 23.00%; y el gas doméstico LP, con 3.14%.
El punto clave está en la incidencia. Un producto puede subir mucho en porcentaje y, aun así, aportar relativamente poco a la inflación si tiene un peso reducido en la canasta. En este caso, jitomate, cebolla y gas LP no solo se encarecieron: figuraron entre los productos que más incidieron en el índice. El contraste con agosto también muestra la volatilidad: un mes antes, el jitomate y el gas LP aparecían entre los genéricos cuyas bajas ayudaron a contener el INPC.
La subyacente bajó, pero los servicios todavía cuentan
La otra cara de septiembre fue la inflación subyacente, que excluye varios precios especialmente volátiles y sirve para observar con más claridad las presiones persistentes. Aumentó 0.20% mensual, pero su tasa anual se moderó a 3.75%, desde 3.88% en agosto. Las mercancías subieron 0.14% en el mes y los servicios avanzaron 0.26%.
Ese contraste importa para no sacar una conclusión demasiado rápida. La inflación general se aceleró en términos anuales, pero la subyacente continuó moderándose. Por eso septiembre no muestra una aceleración uniforme de los precios. Una parte importante del avance estuvo concentrada en alimentos frescos y energía, mientras los servicios siguieron aumentando a un ritmo mensual superior al de las mercancías.
Para los hogares, además, el promedio nacional nunca se siente igual. Una familia que compra jitomate y cebolla con frecuencia o utiliza gas LP puede haber percibido una presión bastante mayor que el 0.42% mensual del índice general. Otra, con patrones de consumo distintos, pudo sentir menos. La inflación mide el cambio promedio de una canasta representativa; no es una factura idéntica para todos los mexicanos.
Qué significa para Banxico, el peso y el poder adquisitivo
Banco de México mantuvo el 24 de septiembre su tasa objetivo en 6.50%. El dato conocido ahora deja una señal mixta: la inflación general anual repuntó, pero la subyacente se moderó. Esa combinación no basta para anticipar la siguiente decisión de la Junta de Gobierno. Será importante observar si el salto de frutas, verduras y energía se revierte y si la presión de los servicios continúa perdiendo fuerza.
Para el peso mexicano ocurre algo parecido. La inflación puede modificar las expectativas sobre las tasas y, por esa vía, influir en el tipo de cambio, pero no determina por sí sola una dirección para el USD/MXN. También intervienen las decisiones y expectativas sobre la Reserva Federal, la fortaleza global del dólar, el diferencial de tasas y el apetito por riesgo. El dato de septiembre aporta una pieza del escenario, no una señal aislada para comprar o vender divisas.
La lectura para el bolsillo es más concreta: septiembre trajo presión visible en productos cotidianos y energía, aunque la inflación subyacente anual siguió bajando. Lo que conviene vigilar ahora es si esas alzas volátiles pierden fuerza en octubre o terminan extendiéndose a más bienes y servicios. Para llevar estas cifras a tu presupuesto, consulta la guía de poder adquisitivo de FinanMercado.








