América Latina resiste el choque global, pero cinco riesgos amenazan la recuperación

Petróleo tasas clima y política ponen a prueba la recuperación de América Latina.
Petróleo tasas clima y política ponen a prueba la recuperación de América Latina.

El petróleo dejó daños menores de lo temido, pero el riesgo sigue abierto

BMI, firma de análisis perteneciente a Fitch Solutions, mantiene una visión “cautelosamente optimista” sobre América Latina. Su escenario base contempla una aceleración de la actividad durante la segunda mitad de 2026 y en 2027, apoyada por menores presiones inflacionarias y una reducción de la incertidumbre política en algunos países.

La región logró absorber mejor que otras economías el impacto inicial del repunte petrolero provocado por el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Las expectativas de inflación están mejor ancladas que en crisis anteriores y varios gobiernos utilizaron subsidios o mecanismos de estabilización para contener el traslado inmediato a los combustibles.

Eso no significa que el choque haya desaparecido. El primer riesgo es que la guerra vuelva a interrumpir rutas o infraestructura energética, mantenga elevado el precio del crudo y obligue a prolongar apoyos fiscales costosos. BMI trabaja con un escenario en el que el petróleo podría estabilizarse alrededor de 85 dólares por barril, pero se trata de una previsión, no de un nivel garantizado.

Para México, la lectura es mixta. Un petróleo más caro puede mejorar algunos ingresos vinculados a la exportación de crudo, pero el país también importa combustibles refinados. La capacidad limitada de refinación hace que una parte del encarecimiento internacional pueda reaparecer en gasolina, transporte y costos empresariales, incluso en economías productoras.

Además, amortiguar el precio de los combustibles no elimina el costo: puede trasladarlo de los consumidores a las finanzas públicas. El beneficio inmediato para los hogares debe compararse con el gasto fiscal necesario para sostenerlo.

La Fed puede reducir el margen para Banxico y presionar al peso

El segundo riesgo se encuentra en Estados Unidos. La Reserva Federal mantuvo en junio su tasa de referencia dentro del rango de 3.50% a 3.75% y señaló que seguirá evaluando la inflación, el empleo y el balance de riesgos antes de modificarla.

BMI prevé que la Fed conserve las tasas sin cambios durante el resto del año. Sin embargo, esa expectativa podría modificarse si el petróleo vuelve a elevar la inflación estadounidense o si la demanda mantiene presiones sobre los precios. Un escenario de tasas altas durante más tiempo elevaría el costo del financiamiento internacional y reforzaría el atractivo relativo del dólar.

La lectura para México pasa por el diferencial de tasas entre Banxico y la Fed. Una política estadounidense más restrictiva puede reducir el espacio para que Banxico recorte rápidamente sin aumentar la volatilidad del peso o debilitar el rendimiento relativo de los activos mexicanos.

No implica que el peso necesariamente vaya a depreciarse. El cruce USD/MXN también responde a las expectativas fiscales, el crecimiento de México, el apetito global por riesgo y las decisiones de Banxico. Pero una Fed más dura puede añadir presión al dólar y elevar el costo de financiamiento para gobiernos y empresas de la región.

El impacto tampoco terminaría en los mercados. Condiciones financieras más restrictivas pueden frenar inversión, consumo y crédito, especialmente en países con niveles elevados de deuda o necesidades importantes de refinanciamiento.

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El Niño y la IA amenazan alimentos, crecimiento y materias primas

El tercer riesgo es climático. Los modelos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos muestran condiciones compatibles con el desarrollo de El Niño, aunque todavía existe incertidumbre sobre su intensidad y duración.

BMI calcula que la agricultura representa alrededor de 7.5% del PIB regional. En un escenario severo, las sequías en la Amazonía y Centroamérica podrían restar algunas décimas al crecimiento y añadir entre 0.5 y un punto porcentual a la inflación general. Es una estimación privada y su efecto sería muy diferente entre países.

Para México, el canal más visible sería el precio de los alimentos. Una menor producción regional, problemas logísticos o cosechas dañadas podrían encarecer ciertos productos agrícolas. Eso complicaría la desaceleración de la inflación general, aunque no necesariamente tendría el mismo efecto sobre la inflación subyacente.

El cuarto riesgo parece más lejano, pero puede alterar el ingreso de varias economías sudamericanas. Parte de las perspectivas favorables para Chile y Perú depende de que la inversión mundial en inteligencia artificial mantenga la demanda de cobre y minerales utilizados en redes eléctricas, centros de datos e infraestructura tecnológica.

Una corrección brusca del gasto relacionado con la IA podría reducir los precios de esos metales, debilitar exportaciones y frenar inversión. México está menos expuesto directamente al cobre que Chile o Perú, pero una desaceleración de ese ciclo reduciría el dinamismo regional y podría afectar cadenas industriales relacionadas con electrónica, energía y manufactura avanzada.

La política fiscal decidirá si la mejora se convierte en recuperación

El quinto riesgo es político y fiscal. Brasil, Colombia, Chile, Perú, México y Argentina atraviesan procesos diferentes, pero comparten una dificultad: reducir déficits y estabilizar la deuda sin apagar el crecimiento ni desproteger a los hogares más vulnerables.

BMI considera que la evolución fiscal regional dependerá de la capacidad de los gobiernos para contener el gasto estructural, elevar ingresos y recuperar la inversión. La firma sostiene que América Latina comenzó a corregir algunos desequilibrios, aunque todavía no puede afirmarse que la consolidación esté asegurada.

En México, el reto pasa por combinar crecimiento con disciplina presupuestaria. La estrategia financiera oficial para 2026 estima que el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público se mantenga alrededor de 53.5% del PIB y prioriza el financiamiento interno, a tasa fija y de largo plazo, para reducir la exposición a choques externos.

El escenario de BMI supone que México dispone de una ruta relativamente clara para estabilizar sus cuentas, pero advierte que hacerlo requerirá moderar algunos gastos, revisar el apoyo a Pemex y fortalecer la recaudación. Esa evaluación es una previsión de la consultora y no una decisión anunciada por el Gobierno mexicano.

La recuperación regional, por tanto, no depende de un solo dato. El FMI proyecta un crecimiento de 2.4% para América Latina y el Caribe en 2026 y de 2.7% en 2027, una mejora modesta y desigual entre países.

La región resistió el primer golpe mejor de lo esperado, pero todavía debe demostrar que puede crecer con petróleo volátil, tasas internacionales elevadas, riesgos climáticos y menor espacio fiscal. Para México, las señales clave serán la trayectoria de los combustibles y los alimentos, las decisiones de la Fed y Banxico, el comportamiento del peso y la capacidad de sostener las finanzas públicas sin frenar la inversión.

  • BMI, análisis regional y riesgos políticos de América Latina, junio de 2026.
  • Bloomberg Línea, cobertura del encuentro de BMI publicada el 22 de julio de 2026.
  • Fondo Monetario Internacional, actualización de perspectivas mundiales de julio de 2026.
  • Reserva Federal, comunicado del FOMC del 17 de junio e informe monetario de julio de 2026.
  • NOAA, previsiones y diagnóstico de El Niño de julio de 2026.
  • Secretaría de Hacienda, Plan Anual de Financiamiento 2026.

Esta noticia ha sido elaborada por Saúl Soto

Saúl Soto

Saúl Soto

Especialista

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Editor macro México