Eli Lilly acuerda comprar AtaiBeckley por hasta US$3,800 millones y apuesta por psicodélicos

  • Eli Lilly acordó adquirir AtaiBeckley, desarrolladora de tratamientos psicodélicos para salud mental, por US$2,800 millones en efectivo al cierre y hasta US$1,000 millones adicionales ligados a hitos clínicos y regulatorios. La operación amplía su negocio de neurociencias, pero todavía depende de accionistas, autoridades y resultados de ensayos.

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Eli Lilly apuesta por neurociencias con la adquisición pendiente de AtaiBeckley.
Eli Lilly apuesta por neurociencias con la adquisición pendiente de AtaiBeckley.

El acuerdo definitivo fue anunciado el 16 de julio de 2026 y contempla que AtaiBeckley, cotizada en el Nasdaq bajo el símbolo ATAI, se convierta en una filial de Eli Lilly, cuyas acciones cotizan en la Bolsa de Nueva York con el ticker LLY. El cierre está previsto para el tercer trimestre, aunque la compra todavía requiere la aprobación de los accionistas de AtaiBeckley y las autorizaciones regulatorias correspondientes.

El precio real: US$2,800 millones al cierre y US$1,000 millones sujetos a hitos

Los accionistas de AtaiBeckley recibirán US$6.75 por acción en efectivo si la operación se completa. Ese precio representa aproximadamente una prima de 26% frente al cierre de US$5.36 registrado antes del anuncio. La compañía también calculó una prima cercana a 40% frente al precio promedio ponderado de los 30 días anteriores. Por tanto, la prima depende de la referencia utilizada y no puede resumirse en un único porcentaje.

Los US$3,800 millones tampoco constituyen un pago íntegro y garantizado. Además del importe inicial de US$2,800 millones, cada acción dará derecho a recibir hasta US$2.50 mediante un derecho de valor contingente, conocido como CVR. Ese dinero solo se pagará si los programas BPL-003 y VLS-01 alcanzan determinados hitos de desarrollo, aprobación y reclasificación regulatoria dentro de los plazos establecidos. La propia documentación advierte que no existe certeza de que esos pagos lleguen a producirse.

La operación no está condicionada a que Lilly obtenga nueva financiación. Accionistas que representan alrededor de 15% de AtaiBeckley ya se comprometieron a respaldar el acuerdo, aunque todavía será necesaria la aprobación de la mayoría requerida. El contrato también contempla autorizaciones antimonopolio, un plazo inicial de seis meses para completar la transacción y posibles extensiones si las revisiones regulatorias continúan pendientes.

Lilly compra una cartera clínica, no un negocio que ya genere beneficios

El principal activo adquirido es BPL-003, una formulación intranasal de mebufotenina benzoato, una versión sintética del compuesto psicodélico 5-MeO-DMT. AtaiBeckley desarrolla el tratamiento para pacientes con depresión resistente y ya inició actividades de fase 3 después de obtener la designación de terapia innovadora de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos. Esa designación puede acelerar la colaboración con el regulador, pero no equivale a una aprobación comercial.

El segundo programa relevante es VLS-01, una película bucal con DMT que se encuentra en fase 2b. Parte del pago contingente depende de que este tratamiento entre en fase 3 y de que, posteriormente, tanto VLS-01 como BPL-003 consigan autorización en Estados Unidos y los cambios necesarios en su clasificación como sustancias controladas. El riesgo no termina, por tanto, con la posible aprobación de la compra: continúa en los ensayos clínicos, la revisión de la FDA y las decisiones de la Administración para el Control de Drogas.

AtaiBeckley todavía es una biotecnológica en fase de desarrollo. Al cierre de marzo disponía de US$209.9 millones entre efectivo, equivalentes y valores de corto plazo. Durante el primer trimestre registró una pérdida neta de US$29.8 millones, frente a US$26.4 millones un año antes, mientras sus gastos de investigación y desarrollo aumentaron a US$17.4 millones. La empresa calculaba que sus recursos podían sostener las operaciones hasta 2029.

La lectura empresarial es clara: Lilly no está comprando ingresos actuales ni una compañía rentable, sino la posibilidad de incorporar nuevos tratamientos a su cartera de neurociencias. El valor económico dependerá de que los estudios confirmen eficacia y seguridad, los reguladores aprueben los productos y la empresa pueda integrarlos en una red comercial capaz de atender tratamientos que requieren administración supervisada.

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La compra es asumible, pero eleva la exigencia sobre la asignación de capital

Eli Lilly llega a la operación con un negocio en fuerte crecimiento. En el primer trimestre de 2026 reportó ingresos de US$19,799 millones, 56% más que un año antes, y un beneficio neto de US$7,396 millones. La compañía generó US$5,333 millones de efectivo operativo durante el periodo y mantuvo su previsión anual de ingresos de entre US$82,000 millones y US$85,000 millones.

Sin embargo, capacidad de pago no significa ausencia de coste. Lilly tenía US$5,282 millones de efectivo al finalizar marzo y una deuda financiera total cercana a US$43,400 millones, al sumar las obligaciones corrientes y de largo plazo. También había destinado US$2,300 millones a recompras y US$1,500 millones a dividendos durante el trimestre, además de mantener otros compromisos derivados de adquisiciones anunciadas.

El pago inicial de AtaiBeckley parece manejable frente a la generación de caja de Lilly y sus líneas de crédito disponibles, pero se suma a una estrategia activa de compras y desarrollo interno. La dirección indicó que determinará el tratamiento contable de la operación al cierre y que entonces incorporará sus efectos a los resultados y previsiones. Hasta ese momento, no debe asumirse que la adquisición modificará automáticamente el guidance de 2026.

Las acciones de AtaiBeckley avanzaron 33.4% tras el anuncio, mientras Lilly ganó alrededor de 1.1%, según datos recogidos por The Wall Street Journal. La reacción refleja el valor inmediato para los accionistas de la biotecnológica, pero no demuestra que el precio final esté asegurado: una parte continúa condicionada a hitos que pueden tardar años o no cumplirse.

Qué cambia para un accionista o inversor mexicano

La operación no presenta, por ahora, una consecuencia operativa directa identificada para México. Su relevancia local se concentra en los inversores expuestos a compañías estadounidenses de salud y biotecnología. Las acciones de Eli Lilly están registradas como valor activo en el Sistema Internacional de Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores, una plataforma que permite acceder desde México a determinados títulos extranjeros. AtaiBeckley cotiza directamente en el Nasdaq y su disponibilidad dependerá del intermediario utilizado.

Para los accionistas de AtaiBeckley, el cambio principal es que el valor deja de depender exclusivamente de la futura cotización independiente de la empresa. Si la adquisición se completa, recibirán US$6.75 en efectivo y conservarán una exposición condicionada a los programas clínicos mediante el CVR.

Para los accionistas de Lilly, la pregunta es distinta. La compañía ampliará su presencia en neurociencias y accederá a una cartera que podría abrir un nuevo mercado, pero también asumirá riesgo clínico, regulatorio y de integración. Además, deberá demostrar que una estrategia de adquisiciones cada vez más amplia no reduce la disciplina con la que utiliza su caja y administra su deuda.

Lo que cambió es que Lilly dejó de observar el desarrollo de terapias psicodélicas desde fuera y comprometió capital para incorporarlas a su cartera. El riesgo abierto no es únicamente que la compra reciba las aprobaciones necesarias, sino que los tratamientos superen sus ensayos y lleguen al mercado. Para justificar el precio, la compañía deberá convertir ciencia prometedora en productos aprobados, escalables y financieramente sostenibles.

Esta noticia ha sido elaborada por Araceli Ramírez

 
Araceli Ramírez - Economista en la universidad de Asunción

Araceli Ramírez

Economísta

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Especialista en empresas cotizadas y noticias que afectan a las compañíaso