La ventana de lanzamiento será de 90 minutos y abrirá a las 5:45 p.m. hora central de Texas, equivalente a las 4:45 p.m. en la Ciudad de México. SpaceX advierte que el calendario de una prueba en desarrollo puede cambiar y prevé comenzar la transmisión aproximadamente media hora antes del despegue.
El cambio concreto es que la empresa ya tiene una nueva fecha después del aborto del 16 de julio y volverá a probar el sistema con motores sustituidos. El anuncio consultado no incluye una actualización de ingresos, márgenes, caja, deuda o previsiones financieras: se limita al calendario y a los objetivos técnicos del vuelo.
Qué cambió tras el intento abortado
El intento anterior llegó hasta el inicio del encendido. Los datos mostrados durante la transmisión indicaron que cuatro de los 33 motores del propulsor Super Heavy no se activaron; los otros 29 se apagaron de inmediato y el sistema automático mantuvo el vehículo sujeto a la plataforma. Elon Musk señaló después que se sustituirían dos motores antes del siguiente intento.
Ese episodio debe separarse del problema ocurrido durante el vuelo 12 de mayo. La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos cerró el 13 de julio la investigación de aquel vuelo y atribuyó la pérdida del propulsor a efectos térmicos sobre componentes del sistema de propulsión y a configuraciones erróneas de las alarmas de los motores. La FAA aceptó cuatro medidas correctivas y permitió avanzar con el vuelo 13, siempre que se cumplan los demás requisitos de seguridad y licencia.
La lectura empresarial es prudente: el aborto demostró que la protección de la plataforma funcionó, pero también dejó una nueva señal sobre la fiabilidad del conjunto de motores. Reprogramar en una semana reduce el retraso del calendario; no elimina el riesgo de fallas durante el ascenso, la separación, el reencendido o el regreso atmosférico.
Starlink V3 convierte la prueba en algo más que otro lanzamiento
El vuelo tiene tres objetivos principales para la etapa superior: desplegar 20 satélites Starlink V3, reencender un motor Raptor en el espacio y completar una entrada controlada con descenso y amerizaje en el océano Índico. El propulsor Super Heavy deberá completar el ascenso, la separación, el encendido de retorno y una maniobra de descenso hacia un punto mar adentro.
Los satélites no representan todavía una entrega comercial. Seguirán la trayectoria suborbital de Starship y se espera que se destruyan al reingresar unos 20 minutos después del despliegue. Seis llevarán cámaras para observar el escudo térmico del vehículo y transmitir imágenes que ayuden a evaluar su preparación para futuros regresos al lugar de lanzamiento.
Esto explica por qué el resultado importa más que la imagen del despegue. Starship busca convertirse en la plataforma capaz de poner en órbita satélites V3 de mayor capacidad y recuperar rápidamente sus vehículos. Un vuelo exitoso no genera por sí solo ingresos equivalentes al valor futuro del programa, pero puede reducir dudas de ejecución; otro fallo retrasaría la cadencia necesaria para convertir el desarrollo en una herramienta comercial repetible. Esa es una interpretación basada en los objetivos declarados por la empresa, no una previsión garantizada.

Qué significa para los accionistas de SpaceX
Space Exploration Technologies Corp. cotiza en Nasdaq con el símbolo SPCX desde junio y fijó su oferta pública inicial en 135 dólares por acción. El lunes 20 de julio, los títulos cerraron en 119.85 dólares, con una caída diaria de 3.34% y por debajo del precio de colocación. Sin embargo, no existe base suficiente para atribuir todo ese movimiento al retraso de Starship: la acción acumulaba varias sesiones negativas y sigue ajustándose después de una salida a bolsa muy volátil.
Para el accionista, la prueba no cambia todavía una cifra reportada; cambia la percepción sobre el riesgo de ejecución. Starship conecta tres objetivos relevantes para el negocio: desplegar más capacidad de Starlink, abaratar misiones mediante la reutilización y cumplir hitos de programas espaciales contratados. El mercado puede valorar esas posibilidades, pero la empresa debe demostrar que puede repetir vuelos completos y no solo alcanzar objetivos parciales.
NASA trabaja con SpaceX en una versión lunar de Starship. El programa actualizado contempla una demostración en órbita terrestre durante Artemis III en 2027 y mantiene como objetivo una primera misión de alunizaje para Artemis IV a inicios de 2028, condicionada a la preparación del módulo lunar. Por ello, cada vuelo integrado aporta datos útiles, aunque una prueba suborbital no equivale a certificar un sistema para astronautas.
Para quienes siguen la compañía desde México, la referencia verificable es SPCX en Nasdaq. El acceso concreto depende del intermediario, por lo que conviene distinguir entre poseer la acción y operar productos derivados. FinanMercado cuenta con una guía de brókers para comprar acciones estadounidenses y otra sobre brókers para operar el Nasdaq, sin que esos contenidos supongan una recomendación sobre SpaceX.
Lo que SpaceX deberá demostrar el jueves
El nuevo intento acorta el retraso, pero no resuelve la cuestión central: si la versión actual de Starship puede completar una secuencia extensa sin acumular fallas en motores, separación y protección térmica. El riesgo sigue siendo técnico y también financiero, porque un programa de desarrollo prolongado consume capital antes de alcanzar una cadencia comercial estable.
SpaceX pasó de un aborto sin nueva fecha confirmada a un intento programado para el jueves con motores sustituidos y ajustes previos en hardware y software. Ahora deberá demostrar que esos cambios permiten completar el vuelo, desplegar los satélites de prueba y recoger datos útiles para la reutilización. El riesgo abierto es la repetibilidad: un resultado aislado importa menos que la capacidad de convertirlo en operaciones frecuentes.









