En la campana de apertura, el S&P 500 avanzó 0.33%, hasta 7,735.18 puntos, mientras el Nasdaq Composite ganó 0.71%, hasta 26,534.66. El Dow Jones, en cambio, cedió 0.07%. Conforme avanzó la mañana, las compras se ampliaron: hacia las 11:21 de Nueva York, el S&P 500 subía alrededor de 0.6%, el Nasdaq 1.1% y el Dow 0.3%.
La clave no está solo en el color verde de los índices. El mercado recibió una señal de enfriamiento laboral que redujo la presión para que la Reserva Federal vuelva a subir las tasas, y ese cambio de expectativas se dejó ver tanto en las acciones tecnológicas como en los bonos. Eso no significa, sin embargo, que el riesgo de un nuevo aumento haya desaparecido.
El empleo cayó donde el mercado esperaba crecimiento
La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos informó que las nóminas no agrícolas disminuyeron en 23,000 puestos durante julio. El resultado contrastó con una previsión de alrededor de 83,000 empleos adicionales entre economistas consultados por The Wall Street Journal. La tasa de desempleo quedó en 4.1%, frente al 4.2% esperado.
El informe fue más débil cuando se miraron los meses anteriores. Las cifras de mayo y junio fueron revisadas a la baja en conjunto en 103,000 empleos. Además, la tasa de participación laboral quedó en 61.4%, siete décimas por debajo de enero. El salario promedio por hora aumentó 3.2% frente a un año antes.
Ese conjunto de datos llegó después de que la Fed mantuviera el 29 de julio su rango objetivo en 3.50%-3.75%. Tres miembros del FOMC habían preferido un aumento de 25 puntos base y el propio banco central seguía describiendo la inflación como elevada respecto de su objetivo de 2%. Tras conocerse el empleo, la probabilidad implícita de una subida en septiembre cayó a cerca de 42%, desde 54% antes del reporte, según CME FedWatch citado por Charles Schwab. El temor a otra subida se enfrió; no desapareció.
El Nasdaq lidera y los bonos confirman el cambio de expectativas
Debajo de los índices, la tecnología volvió a tener un peso importante. Nvidia avanzaba alrededor de 2.3% durante la mañana y Broadcom cerca de 1%, ayudando a explicar por qué el Nasdaq superaba al S&P 500. No es lo mismo que suba un índice a que todo el mercado avance con la misma fuerza, y en esta apertura el liderazgo tecnológico fue una pieza relevante de la fotografía.
Los bonos dieron una señal en la misma dirección. El rendimiento del Treasury a 10 años se situaba cerca de 4.65%, frente al 4.67% previo al dato, después de tocar 4.60%. El rendimiento a dos años bajó hacia 4.20%, desde 4.22%, y llegó a marcar 4.15%. Cuando bajan los rendimientos, disminuye parte de la presión que las tasas elevadas ejercen sobre las valoraciones bursátiles, especialmente en compañías de crecimiento cuyos beneficios esperados están más alejados en el tiempo.
Pero un empleo más débil no es automáticamente una buena noticia para las acciones. Si el enfriamiento laboral terminara afectando el consumo o los beneficios empresariales, el mismo dato que hoy reduce el riesgo de tasas más altas podría alimentar dudas sobre el crecimiento. Además, una sesión positiva no confirma por sí sola una tendencia, y sin datos suficientemente sólidos de amplitud no conviene presentar el avance como una subida generalizada de todo Wall Street.

Para México, la lectura pasa por tasas, flujos y factores locales
La Bolsa Mexicana también comenzó la jornada en positivo. El S&P/BMV IPC abrió con una ganancia cercana a 0.91%, alrededor de 67,000 puntos. Sin embargo, sería simplista atribuir el movimiento únicamente a Wall Street: emisoras relacionadas con metales, como Industrias Peñoles y Grupo México, registraban avances relevantes y aportaban un componente propio a la sesión mexicana.
Para quienes desde México siguen las formas de invertir en el S&P 500 o buscan exposición al Nasdaq, la señal más importante de esta apertura está en la relación entre acciones y tasas. Lo mismo aplica a quienes utilizan ETFs para acceder a mercados internacionales: una menor presión de los rendimientos puede favorecer temporalmente el apetito por activos de riesgo, pero no elimina el riesgo de mercado ni el cambiario.
El canal hacia México es, por ahora, indirecto. Rendimientos estadounidenses menos elevados pueden reducir la competencia que ofrece la renta fija de Estados Unidos frente a otros activos y ayudar al apetito por mercados emergentes. Aun así, la Bolsa Mexicana seguirá respondiendo también a factores propios: resultados empresariales, materias primas, perspectivas de Banxico, valuaciones y flujos hacia activos locales.
La siguiente prueba llegará pronto. Estados Unidos publicará el índice de precios al consumidor de julio el 12 de agosto, mientras el siguiente reporte de empleo está previsto para el 4 de septiembre. La Fed celebrará su próxima reunión de política monetaria los días 15 y 16 de septiembre. Si la inflación permanece elevada, un solo reporte laboral débil difícilmente cerrará el debate sobre las tasas.
El dato de empleo cambió la conversación de la sesión, pero no resolvió el debate. Para el inversionista mexicano, la señal útil no es simplemente que “Wall Street subió”, sino que las expectativas sobre tasas se movieron a favor de las acciones mientras los bonos acompañaron el giro. La inflación determinará si esa lectura gana fuerza o vuelve a cambiar.









