El S&P 500 cayó 1.01%, hasta 7,457.69 puntos, mientras el Nasdaq Composite perdió 1.40%, a 25,520.24 unidades. El Dow Jones retrocedió 0.77%, hasta 52,146.42 puntos, y el Russell 2000 bajó 0.42%, a 2,962.22. El Nasdaq también encabezó las pérdidas semanales, con una caída cercana a 2.9%, frente al descenso de 1.6% del S&P 500.
La diferencia entre índices aporta el primer matiz. La presión fue más fuerte en las compañías tecnológicas y de crecimiento, mientras las pequeñas empresas resistieron mejor. No fue una caída uniforme, aunque la falta de datos oficiales completos sobre amplitud impide asegurar que la debilidad estuviera limitada exclusivamente a las grandes compañías ligadas a la IA.
La IA deja de justificar cualquier valoración
La sesión llamó la atención porque coincidió con resultados sólidos dentro de la cadena de semiconductores. TSMC reportó ingresos trimestrales por 40,200 millones de dólares, un margen bruto de 67.7% y un margen operativo de 60.3%. ASML, por su parte, informó ventas por 9,300 millones de euros, una utilidad neta de 2,900 millones y elevó su previsión anual de ingresos.
El mercado, sin embargo, miró más allá de esas cifras. Los reportes sobre Kimi K3, un nuevo modelo desarrollado por la empresa china Moonshot AI, reactivaron las dudas sobre la competencia y la posibilidad de producir modelos avanzados con menores costos. Nvidia perdió 2.2% e Intel cayó 2%, profundizando el castigo sobre una temática que había sostenido buena parte del avance reciente de Wall Street.
Los resultados también dejaron ganadores y perdedores fuera de los chips. Netflix cayó 7.3% después de que sus ingresos y previsiones decepcionaran, pese a superar la estimación de beneficio por acción. Travelers avanzó 9.2% tras presentar cifras mejores de lo esperado, lo que ayudó a contener parte de la caída del Dow Jones. El mercado no rechazó todos los resultados: se volvió más exigente con el precio pagado por cada expectativa.
Esa exigencia aparece en un momento en que el panorama agregado de beneficios continúa siendo favorable. FactSet señaló que 85% de las compañías del S&P 500 que ya habían publicado resultados superaron las previsiones de ingresos. Aun así, el múltiplo precio-beneficio esperado del índice se encontraba en 20.3 veces, por encima de sus promedios de cinco y diez años. Los beneficios siguen creciendo, pero las valoraciones dejan menos margen para decepciones.
Bonos y volatilidad cambian la lectura de la caída
Los bonos no ofrecieron la explicación habitual para el retroceso tecnológico. El rendimiento del Treasury a diez años bajó de 4.57% a 4.55% durante la sesión. En otras palabras, las acciones de crecimiento cayeron aunque las tasas de largo plazo cedieron ligeramente, lo que sugiere que el catalizador dominante estuvo más relacionado con las dudas sobre competencia, gasto y rentabilidad de la IA que con un endurecimiento adicional de las condiciones financieras.
La volatilidad sí aumentó. El VIX cerró en 18.77 puntos, con un avance diario de 12.2%. Este indicador refleja la volatilidad esperada a 30 días a partir de las opciones sobre el S&P 500, por lo que su repunte muestra una mayor demanda de protección. No confirma por sí mismo un desplome ni permite anticipar la dirección de la siguiente sesión.
También hubo señales de rotación. El índice energético del S&P 500 subió 1.16%, mientras varias compañías tecnológicas y de comunicación registraron pérdidas. El comportamiento relativamente mejor del Russell 2000 refuerza la idea de que la jornada estuvo condicionada por sectores y valoraciones concretas, no únicamente por una retirada indiscriminada de todas las acciones.

La Bolsa Mexicana se separa de Wall Street
La referencia mexicana fue diferente. El S&P/BMV IPC avanzó 0.42%, hasta 66,634.23 puntos, con un volumen de 140.8 millones de títulos. Telecomunicaciones ganó 1.02% y materiales avanzó 0.78%, mientras el segmento industrial perdió 0.50% y el índice de pequeñas empresas cayó 0.73%.
La divergencia muestra por qué la Bolsa Mexicana no debe interpretarse como una copia automática de Wall Street. Su composición sectorial es distinta y tiene una exposición mucho menor a las grandes compañías estadounidenses vinculadas directamente con semiconductores e inteligencia artificial. Eso permitió que emisoras de telecomunicaciones y materiales compensaran el entorno internacional más débil.
Para una persona en México con exposición a acciones o ETFs estadounidenses, el movimiento sí importa. El principal riesgo está en la concentración: un producto que sigue al Nasdaq o al S&P 500 puede depender en gran medida de un grupo reducido de compañías tecnológicas. Además, el resultado final en pesos también puede variar por el movimiento del tipo de cambio, incluso cuando el índice y el ETF registren la misma variación en dólares.
El avance del S&P/BMV IPC tampoco significa que México quede aislado. Una venta más amplia en Estados Unidos podría afectar los flujos hacia mercados emergentes y elevar la aversión al riesgo. Por ahora, la sesión del viernes dejó una divergencia concreta, no una garantía de desacoplamiento permanente.
Los próximos resultados deberán justificar el gasto en IA
La siguiente prueba llegará con los reportes de Alphabet y Tesla, previstos para el miércoles, y los de Intel, programados para el jueves. El mercado buscará señales sobre demanda, inversiones, márgenes y la capacidad de convertir el creciente gasto en infraestructura de IA en ingresos y utilidades sostenibles.
Una sesión negativa no confirma por sí sola una tendencia bajista ni una corrección del mercado. Para fortalecer esa lectura sería necesario observar una debilidad persistente en semiconductores, pérdidas extendidas hacia más sectores y una subida sostenida de la volatilidad. El dato importante no es solamente cuánto cayó el Nasdaq, sino cuánto respaldo económico conservan las valoraciones que impulsaron su avance.








