Paraguay encabeza la lista con una matriz eléctrica 100% renovable
El reporte más reciente de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía, OLACDE, coloca a Paraguay en el primer sitio, con 100% de generación renovable durante abril de 2026. Le siguen Uruguay, con 97%; Costa Rica y Ecuador, ambos con 92%; Brasil, con 88%; Colombia, con 87%; Venezuela, con 86%; Belice, con 76%, y Perú, con 68%.
La clasificación mide la proporción de electricidad producida con fuentes renovables durante un mes específico. No debe confundirse con la participación renovable en la capacidad instalada ni con el consumo total de energía de cada economía, donde también entran combustibles utilizados en transporte, industria y hogares.
Tampoco es una tabla permanente. Las posiciones pueden cambiar mes a mes por el nivel de los embalses, la disponibilidad de viento y radiación solar, el crecimiento de la demanda o la necesidad de activar centrales de gas, carbón y derivados del petróleo. En agosto de 2025, por ejemplo, el índice regional había bajado a 63% debido principalmente a una menor generación hidroeléctrica y un mayor uso de fuentes térmicas.
La hidroelectricidad sigue explicando buena parte del liderazgo regional
América Latina y el Caribe produjeron 164 teravatios-hora de electricidad en abril de 2026, un aumento interanual de 4.5%. La hidroelectricidad fue la mayor fuente de generación, con 44.6% del total, seguida por el gas natural, con 23.2%, y la energía eólica, con 12.2%. La solar aportó 5%, mientras que la bioenergía y la geotermia tuvieron participaciones menores.
Esa composición ayuda a explicar por qué países con grandes recursos hídricos aparecen en los primeros lugares. Paraguay depende ampliamente de las centrales hidroeléctricas de Itaipú y Yacyretá. Costa Rica, Ecuador, Colombia y Venezuela también cuentan con una participación elevada de generación hidráulica. Uruguay presenta una estructura más diversificada, con una presencia relevante de energía eólica junto con hidroeléctrica, solar y biomasa.
La lectura necesita contexto. Una matriz con una proporción renovable elevada no garantiza por sí sola electricidad barata, suministro estable o tarifas menores para los hogares. Los costos también dependen de las redes de transmisión, las inversiones, los contratos de generación, los subsidios, las pérdidas del sistema y la capacidad para atender los periodos de mayor demanda.
La dependencia hidroeléctrica añade otro riesgo. Entre abril de 2025 y abril de 2026, la generación hidráulica regional disminuyó 9.4 TWh. Parte de esa caída fue compensada por incrementos en la energía eólica, la bioenergía y el gas natural. El dato muestra que la diversificación importa: cuando falta agua, los sistemas necesitan otras tecnologías que puedan sostener el suministro.

Qué significa este resultado para México
México no aparece entre los nueve países que superaron el promedio regional de 67% en abril. El reporte público de OLACDE no presenta en su resumen el porcentaje mexicano, por lo que no conviene asignarle una cifra sin consultar la base completa de sieLAC. Lo confirmado es que la matriz nacional mantiene una participación importante de generación térmica, especialmente gas natural.
La comparación ofrece una señal económica relevante. México tiene recursos solares y eólicos competitivos, pero aumentar su participación requiere algo más que construir centrales. También necesita redes capaces de trasladar la electricidad desde las zonas de generación, almacenamiento, capacidad de respaldo, certidumbre regulatoria y proyectos que acompañen el crecimiento de la demanda industrial.
Esto importa especialmente ante la expansión de fábricas, centros de datos y cadenas productivas vinculadas con Estados Unidos. Las empresas internacionales consideran cada vez más el acceso a electricidad suficiente, estable y con menores emisiones al decidir dónde instalar nuevas operaciones. Una oferta limitada o una red congestionada puede elevar costos, retrasar inversiones y reducir parte de las ventajas asociadas con la relocalización de cadenas productivas.
Para los hogares mexicanos, una mayor generación renovable tampoco se traduce automáticamente en una reducción inmediata del recibo de luz. El efecto depende de cómo se financien las inversiones, de los costos de transmisión y respaldo, de la estructura tarifaria y de las decisiones presupuestarias. El beneficio más claro aparece cuando una matriz diversificada reduce la exposición a combustibles importados y evita depender demasiado de una sola tecnología.
El reto no es solamente generar más energía limpia
La región conserva una ventaja frente al promedio mundial. Ember calcula que América Latina y el Caribe generaron 65% de su electricidad con fuentes limpias durante 2025, frente a 43% a escala global. La hidroeléctrica aportó cerca de 40% del total regional, mientras que la energía solar y la eólica sumaron 19%.
Sin embargo, la elevada proporción renovable convive con diferencias amplias entre países. Algunos sistemas rozan el 100%, mientras otros dependen mayoritariamente de gas, petróleo o carbón. También existe una diferencia entre tener electricidad renovable disponible y contar con redes modernas que puedan aprovecharla sin interrupciones, restricciones o desperdicio de generación.
La clave para México no está en copiar una clasificación mensual, sino en observar qué hicieron los países que lograron combinar recursos naturales, inversión y planeación de largo plazo. El dato confirma el potencial renovable de América Latina, pero no elimina los riesgos de sequía, falta de transmisión, costos de respaldo ni retrasos regulatorios. Los próximos reportes deberán mostrar si el avance se sostiene cuando cambien las condiciones hidrológicas y aumente la demanda.









