El palmiste se separó del resto en julio
La Pink Sheet del Banco Mundial muestra que el aceite de palmiste —también conocido como palm kernel oil— pasó de 2,166 a 2,441 dólares por tonelada métrica entre junio y julio. En el mismo periodo, el aceite de soya bajó de 1,740 a 1,660 dólares y el de coco pasó de 1,979 a 1,924 dólares.
El movimiento fue bastante específico. La referencia del aceite de palma convencional apenas retrocedió de 1,104 a 1,101 dólares por tonelada. Por tanto, no se trató de una subida general de todos los productos vinculados a la palma, sino de una brecha concentrada en el aceite extraído de la almendra del fruto.
También conviene evitar una comparación engañosa. El Banco Mundial utiliza para el palmiste una referencia de aceite crudo de Malasia e Indonesia con entrega CIF en Rotterdam; para el coco, una cotización CFR en el noroeste de Europa; y para la soya, aceite crudo desgomado FOB en el Golfo de Estados Unidos. Están expresadas en dólares por tonelada, pero no representan el mismo contrato, origen ni punto de entrega.
La sustitución entre aceites tiene límites
El aceite de palmiste y el de coco pertenecen al grupo de los aceites láuricos, por lo que pueden competir en determinadas formulaciones. El palmiste es utilizado, entre otras aplicaciones, en grasas especiales para coberturas, confitería y productos congelados. La Junta de Aceite de Palma de Malasia identifica al aceite de palma y al de palmiste como materias importantes para fabricar sustitutos de manteca de cacao.
Eso no significa que un fabricante pueda cambiar de un aceite a otro únicamente porque uno se abarató. En productos procesados importan la textura, el punto de fusión, la estabilidad, el sabor, la vida útil y la compatibilidad con otros ingredientes. Sustituir palmiste por soya, por ejemplo, puede exigir fraccionamiento, mezcla, hidrogenación o interesterificación para conservar las características del producto final.
La lectura más prudente es que la brecha combina expectativas de oferta diferentes con una demanda más especializada. El USDA prevé una mayor disponibilidad de copra y un aumento de la producción de aceite de coco en Filipinas durante el ciclo 2026/27, un factor que puede moderar sus precios. En cambio, todavía no puede atribuirse el salto del palmiste a una escasez puntual de julio: el informe oficial de Malasia con producción, inventarios y exportaciones de ese mes se publicará el 10 de agosto.

Por qué importa para los fabricantes mexicanos
México no está aislado de esta separación. El USDA calcula que el consumo nacional de aceites vegetales podría llegar a 3.5 millones de toneladas en el ciclo 2026/27, 4% más que en el periodo anterior, apoyado por la industria de alimentos y el mercado minorista. La soya representaría alrededor de 40% del consumo; el palmiste, cerca de 4%.
Los datos comerciales también muestran una exposición relevante a proveedores extranjeros. México importó 200 millones de dólares en aceite de soya durante 2024. Además, registró importaciones por 154 millones bajo la partida que agrupa aceites de coco, palmiste y babasú, aunque esa clasificación no permite separar con precisión cuánto correspondió exclusivamente al palmiste. Las compras de aceite de coco refinado sumaron otros 16 millones.
Para una empresa mexicana, el costo final no depende solo de la cotización internacional. También entran el flete, el seguro, la calidad contratada, el momento de compra y el tipo de cambio. Un peso fuerte puede amortiguar parte del encarecimiento en dólares; uno más débil puede ampliarlo. Por eso conviene cruzar esta brecha con la lectura del USD/MXN y las materias primas, no mirar únicamente el porcentaje publicado en el mercado internacional.
Qué deben vigilar ahora el mercado y los traders
Para quienes siguen estos activos desde una plataforma, la primera tarea es identificar el instrumento. El aceite de soya sí cuenta con futuros estandarizados en CBOT, cuyo contrato representa 60,000 libras de aceite crudo. Las cifras de palmiste y coco citadas aquí son referencias físicas mensuales, por lo que no deben interpretarse como si fueran tres futuros igualmente líquidos y directamente comparables.
Si existe exposición mediante un CFD u otro derivado, hay que comprobar qué subyacente replica, además del spread, el margen, los swaps y la liquidez disponible. La volatilidad del precio físico no garantiza que una plataforma reproduzca exactamente ese movimiento. Esta guía sobre spreads, margen y horarios en materias primas amplía las diferencias operativas que pueden pasar desapercibidas.
Las próximas referencias serán el balance de julio de la industria malasia, previsto para el 10 de agosto, y la siguiente actualización de precios del Banco Mundial, programada para el 2 de septiembre. Esta última merece atención porque el organismo advierte que algunas series de aceites pueden revisarse cuando se incorporan datos del mes anterior.
Para México, la clave no está únicamente en que el palmiste haya subido. Lo importante será comprobar si la brecha persiste, si alcanza los costos contratados por los fabricantes y cómo la traduce el USD/MXN a pesos. Hasta contar con esos datos, el movimiento funciona como una señal de presión sobre insumos concretos, no como una subida automática de todos los alimentos ni como una señal de trading.









