Hacienda sube el estímulo para las dos gasolinas
La tabla publicada por la Secretaría de Hacienda en el Diario Oficial de la Federación muestra un cambio claro frente a la semana anterior.
Para la gasolina menor a 91 octanos, el estímulo fiscal pasa de 62.70% a 72.09%. El apoyo por litro aumenta de 4.2007 a 4.8300 pesos, mientras que la cuota disminuida del IEPS baja de 2.4994 a 1.8701 pesos por litro.
En la gasolina de 91 octanos o más, el cambio es todavía mayor: el estímulo aumenta de 59.12% a 72.11%. Hacienda absorbe 4.0800 pesos por litro de la cuota y deja un IEPS disminuido de 1.5779 pesos. Frente a la semana previa, el estímulo sube 12.99 puntos porcentuales.
El diésel requiere un matiz. Su estímulo ordinario permanece en 100%, de forma que la cuota disminuida del IEPS sigue en cero. Sin embargo, el estímulo complementario baja de 1.8361 a 1.1896 pesos por litro. Por eso no sería exacto afirmar que todo el apoyo al diésel aumentó esta semana: la cobertura del IEPS se mantiene completa, pero el complemento es menor.
Ese detalle importa porque evita una lectura demasiado simple. Hacienda está reforzando claramente el colchón fiscal para las gasolinas, pero la política aplicada al diésel no se mueve exactamente en la misma dirección.
El petróleo explica parte de la presión, pero no todo el precio en México
La decisión llega después de meses especialmente volátiles para la energía. El 25 de septiembre, Pemex mostraba una referencia de 99.55 dólares por barril para la Mezcla Mexicana de Exportación, mientras Brent y WTI habían estado operando alrededor de la zona de 100 y 90 dólares por barril, respectivamente, en medio de fuertes cambios en las expectativas sobre la oferta de Medio Oriente.
Para México, la lectura no termina en el precio internacional del crudo. El país compra y vende hidrocarburos en un mercado dolarizado, por lo que el tipo de cambio también entra en la ecuación. El FIX de Banco de México se situó en 17.7100 pesos por dólar el 25 de septiembre, frente a 17.2203 el día 21. Un peso más débil puede aumentar, en igualdad de condiciones, el costo en moneda local de referencias energéticas denominadas en dólares.
Aun así, conviene no caer en una regla automática. El precio de la gasolina en una estación mexicana no es simplemente el barril de petróleo convertido a pesos. También intervienen los precios de los combustibles refinados, logística, transporte, almacenamiento, márgenes comerciales, impuestos y las condiciones particulares de cada región y estación.
Por eso, el nuevo estímulo del IEPS no significa que el conductor vaya a recibir automáticamente 4.83 pesos de “ahorro” por cada litro de gasolina regular. Esa cifra corresponde al componente fiscal que Hacienda deja de cobrar respecto de la cuota completa del impuesto. No es una rebaja directa que pueda trasladarse uno a uno al precio exhibido en la bomba.
El verdadero mensaje está en inflación y en el costo fiscal
El combustible tiene una influencia que va más allá del automovilista. Un precio más elevado del diésel puede trasladarse a costos de transporte y distribución, mientras que la gasolina afecta directamente al presupuesto de muchos hogares. Esa es una de las razones por las que el Gobierno utiliza el IEPS como amortiguador cuando aumenta la presión energética.
La inflación general anual se ubicó en 3.42% durante la primera quincena de septiembre, según INEGI. Dentro del índice por objeto del gasto, el rubro de transporte mostró una variación quincenal de -0.01% y una anual de 3.47%. El dato no significa que la gasolina haya dejado de ser un riesgo: muestra que, hasta esa medición, el traslado de la tensión petrolera al conjunto del índice seguía contenido.
También existe una segunda cara. Cuanto mayor sea el estímulo, menor es la parte del IEPS que Hacienda recauda por cada litro sujeto al mecanismo. Contener parte de la presión sobre los combustibles tiene un costo para las finanzas públicas, aunque la magnitud total depende de los volúmenes vendidos, la duración del apoyo y futuras decisiones semanales.
Para el trader mexicano, este punto ayuda a conectar petróleo e inflación. Si un choque energético permanece el tiempo suficiente, puede influir en expectativas de precios, costos de transporte y, eventualmente, en la lectura de política monetaria. Eso no implica que un estímulo del IEPS vaya a modificar por sí mismo las decisiones de Banxico, pero sí forma parte del mapa de riesgos que conviene seguir.
Los precios de estación siguen siendo la prueba importante
La última referencia nacional de Profeco localizada antes del nuevo acuerdo situaba, al 27 de agosto, el precio promedio de la gasolina regular en 23.68 pesos por litro y el del diésel en 27.01 pesos. Días después, el Gobierno y el sector gasolinero renovaron su estrategia para mantener la regular debajo de 24 pesos y establecer una referencia máxima de 27 pesos para el diésel.
Esas cifras sirven como contexto, no como precio vigente para todas las estaciones. México presenta diferencias regionales y comerciales importantes, de modo que no conviene calcular un supuesto ahorro individual sin comprobar primero la estación, el combustible, la localidad, el IVA aplicable y la metodología utilizada.
La señal que deja la nueva tabla del DOF es más útil si se lee de otra forma: el Gobierno está utilizando con mayor intensidad el margen fiscal del IEPS sobre las gasolinas en una semana en la que el petróleo continúa caro y el peso se ha debilitado frente al dólar.
Para quienes siguen materias primas desde México, las próximas referencias están claras: precio de la Mezcla Mexicana, Brent y WTI, evolución del USD/MXN y nuevas tablas semanales de Hacienda. El estímulo puede amortiguar parte del impacto fiscal, pero no elimina el riesgo de que petróleo, dólar o costos de refinación vuelvan a cambiar el escenario.








