El déficit de junio fue mayor de lo esperado
El Ministerio de Finanzas japonés informó que las exportaciones alcanzaron 10.93 billones de yenes en junio, un aumento anual de 19.3%. Las importaciones crecieron 25.4%, hasta 11.34 billones, por lo que el país quedó en déficit por segundo mes consecutivo. Un año antes había registrado un superávit de 122 mil 270 millones de yenes. El dato es provisional y no está ajustado por estacionalidad.
La cifra también fue peor de lo que esperaba el mercado. El consenso apuntaba a un déficit cercano a 120 mil millones de yenes, mientras que en mayo el saldo negativo había sido de 391 mil 785 millones. Esto corrige la idea de que el dato más reciente fue “mejor de lo previsto”: esa descripción encaja con mayo, pero no con la publicación de junio.
La fotografía de medio año es menos negativa. Entre enero y junio, Japón acumuló un déficit de 1 billón 14 mil millones de yenes, 57% menor que en el mismo periodo de 2025. Las exportaciones aumentaron 13.7% y las importaciones 10.7%. Es decir, junio deterioró el saldo mensual, pero no borró la mejora acumulada del semestre.
Los chips sostienen las exportaciones, pero la energía pesa más
El principal apoyo vino de la tecnología. Las exportaciones de semiconductores y componentes electrónicos crecieron 53.8% anual en junio, mientras que los circuitos integrados avanzaron 58.8%. Las ventas de maquinaria para semiconductores subieron 18.7% y las de vehículos, 23%. En el primer semestre, las exportaciones de semiconductores aumentaron 41.1%, una señal de demanda todavía firme vinculada con centros de datos e inteligencia artificial.
El problema estuvo del lado de las compras externas. El valor de las importaciones de combustibles minerales aumentó 42% y el del petróleo se elevó 59.3% en yenes, aunque el volumen importado cayó 13.7%. Esa diferencia muestra que la presión no vino solamente de una mayor cantidad, sino también de precios energéticos elevados y de la depreciación de la moneda japonesa.
El yen cotizaba alrededor de 163 unidades por dólar durante la jornada, frente a niveles cercanos a 140 un año antes. Una moneda débil puede elevar los ingresos en yenes de los exportadores, pero también encarece petróleo, gas, alimentos y otros bienes importados. Por eso, un fuerte crecimiento exportador no garantiza por sí solo un mejor saldo comercial ni una reacción positiva del yen.

Qué cambia para México y el peso mexicano
La relación con México no es solo financiera. En junio, las exportaciones japonesas hacia el país aumentaron 30.1% anual, hasta 187 mil 238 millones de yenes, mientras que las importaciones procedentes de México bajaron 19.9%, a 104 mil 453 millones. En el primer semestre, Japón vendió a México 16.7% más y sus compras al país crecieron apenas 0.3%, dejando un superávit japonés de poco más de 510 mil millones de yenes.
Para las empresas mexicanas, el dato puede reflejar cambios en el valor de los bienes adquiridos a proveedores japoneses. El efecto final, sin embargo, depende de la moneda utilizada en los contratos, los costos logísticos y la composición de cada operación. Un yen más débil puede abaratar ciertos productos cotizados en esa moneda, pero ese beneficio puede reducirse si el dólar y la energía suben al mismo tiempo.
Para el peso, el canal es principalmente indirecto. La debilidad del yen y el encarecimiento del petróleo pueden coincidir con un dólar global más fuerte y con menor apetito por activos de economías emergentes. Eso puede presionar al USD/MXN, pero no lo determina: también pesan las decisiones de la Reserva Federal y Banxico, los datos de Estados Unidos, el riesgo local y el precio del crudo.
El mercado vigila al Banco de Japón, el petróleo y la demanda tecnológica
El Banco de Japón elevó en junio su tasa de referencia a alrededor de 1% y advirtió que el traslado de los mayores costos del petróleo podía ampliar las presiones inflacionarias. El nuevo reporte comercial refuerza ese riesgo por el lado de las importaciones, aunque una sola cifra no anticipa la siguiente decisión. La próxima reunión monetaria está programada para el 30 y 31 de julio.
También habrá que seguir si la demanda de semiconductores mantiene el ritmo, si el petróleo modera su presión y si el yen recupera terreno. Una mejora de las exportaciones puede favorecer a las empresas japonesas orientadas al exterior, pero un déficit mayor al esperado y una moneda debilitada complican una lectura automática para la bolsa o las divisas.
La conclusión es mixta: Japón conserva un motor exportador fuerte en chips y automóviles, pero sigue expuesto al costo de la energía y al tipo de cambio. Para México, el dato no cambia por sí solo el rumbo del peso, aunque sí añade una referencia sobre el dólar global, las cadenas industriales y la demanda de bienes japoneses. El siguiente paso será comprobar si junio fue un tropiezo temporal o el inicio de una presión comercial más persistente.









