El cambio de pronóstico es mayor y la energía lleva el peso principal
El nuevo Commodity Markets Outlook, divulgado el 28 de octubre, parte de un escenario más exigente que el de primavera. El Banco Mundial prevé que su índice global de materias primas aumente 23% en 2026 y después retroceda 7% en 2027. En abril, su previsión para este año era de 16%.
La energía explica buena parte del ajuste. El organismo espera un aumento de 32% en los precios energéticos en 2026, frente al 24% que calculaba en abril. Para el Brent, la nueva estimación es un promedio de 91 dólares por barril este año, desde 69 dólares en 2025; seis meses atrás esperaba 86 dólares. En alimentos, proyecta un alza cercana a 10% en 2026 y otra de alrededor de 7% en 2027.
Conviene mirar más allá del 23%. No significa que todas las materias primas vayan a subir en esa proporción. Es la variación esperada de un índice agregado. El propio informe proyecta comportamientos distintos entre energía, alimentos, fertilizantes y metales, y deja claro que el resultado depende de que varios riesgos geopolíticos y climáticos no empeoren.
Energía y alimentos: el canal que más puede importar para México
La lectura para México pasa primero por la inflación. En la primera quincena de octubre, el INPC registró una variación anual de 3.62%. Dentro de la canasta, alimentos, bebidas y tabaco aumentaron 4.57% anual, mientras que energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno avanzaron 4.02%. Son componentes sensibles, aunque su comportamiento actual no puede atribuirse únicamente al choque internacional de materias primas.
Un petróleo más caro puede elevar costos de transporte, producción y distribución. Al mismo tiempo, precios más altos de fertilizantes y granos pueden añadir presión a la cadena alimentaria. El Banco Mundial espera que los fertilizantes suban 14% en 2026 y advierte que las interrupciones de los envíos de granos por el Mar Negro, junto con un El Niño muy fuerte, podrían complicar todavía más la oferta de alimentos.
Para el consumidor mexicano, el traspaso no es automático. También importan el tipo de cambio, los precios y tarifas internos, la logística, el clima y cuánto de los mayores costos termina llegando al consumidor. Por eso el nuevo pronóstico sirve como una señal de riesgo para la inflación mexicana, no como una estimación directa de cuánto subirán los precios en México.
Banxico, el peso y el dólar vuelven a entrar en la ecuación
Banxico mantuvo la tasa objetivo en 6.50% el 24 de septiembre y señaló que el balance de riesgos para la inflación seguía sesgado al alza. Entre los factores que destacó estaban el posible impacto inflacionario de los conflictos geopolíticos, las afectaciones climáticas, las presiones de costos y una posible tendencia a la depreciación del peso mexicano. También había observado aumentos generalizados en materias primas y volatilidad cambiaria.
El nuevo escenario del Banco Mundial hace que esos canales cobren todavía más importancia. Si energía y alimentos mantienen presión, el proceso de desinflación podría complicarse y reducir el margen para una política monetaria más flexible. Para quienes siguen el USD/MXN, el peso también importa: una depreciación puede amplificar en moneda local el encarecimiento de materias primas cotizadas en dólares, mientras una moneda más firme puede amortiguar parte del golpe.
Eso no significa que petróleo, alimentos o el dólar/peso vayan a moverse en una sola dirección. Las expectativas de tasas, el apetito global por riesgo y los próximos datos de inflación seguirán pesando. La siguiente decisión programada de Banxico será el 5 de noviembre, por lo que la reacción del banco central al balance de riesgos será una referencia cercana para el mercado mexicano.
El mayor riesgo es que varios choques coincidan
El escenario base del Banco Mundial supone que no habrá una intensificación importante del conflicto en Medio Oriente, que la capacidad rusa para exportar petróleo se recuperará en buena medida y que las restricciones sobre los envíos de alimentos por el Mar Negro se moderarán. También presupone que las pérdidas agrícolas asociadas con El Niño serán manejables.
Si esos supuestos fallan al mismo tiempo, el panorama cambia. En su escenario adverso, el Banco Mundial calcula que el Brent podría promediar 105 dólares por barril en 2027 y que los precios de los alimentos podrían situarse 12% por encima de la previsión base. El problema no se limitaría al petróleo: podría traducirse en más inflación, tasas más restrictivas durante más tiempo y mayor volatilidad financiera.
Para el trader mexicano hay otro matiz importante: el pronóstico de 23% corresponde a un índice global, no a un instrumento que pueda operarse directamente. Seguir petróleo, oro, cobre o agrícolas mediante futuros o CFDs implica contratos, margen, costes y riesgos diferentes. Antes de comparar alternativas puede ser útil revisar las plataformas para operar materias primas y, para exposición mediante contratos listados, los brokers para operar futuros. El apalancamiento y la volatilidad siguen siendo riesgos, no ventajas automáticas.
La clave para México no está en asumir que “todo va a subir 23%”. Está en vigilar si energía, alimentos y dólar mantienen suficiente presión como para dificultar la desinflación y modificar las expectativas sobre Banxico. El Banco Mundial tiene prevista una nueva actualización mensual de precios de materias primas el 3 de noviembre, dos días antes de la siguiente decisión monetaria mexicana.








