La producción vuelve, pero el Golfo todavía está lejos de la normalidad
El viernes 9 de octubre, antes de que Isaias tocara tierra, la Marine Minerals Administration (MMA) estimaba 1,458,814 barriles diarios de petróleo fuera de operación, equivalentes a 71.51% de la producción diaria del Golfo. En gas natural, el cierre alcanzaba 1,259.2 millones de pies cúbicos diarios, o 58.84%. Para el domingo, esas cifras habían bajado a 1,173,863 barriles diarios de crudo y 1,051 millones de pies cúbicos de gas: 57.54% y 49.11%, respectivamente.
La comparación muestra recuperación, pero no una vuelta rápida a la normalidad. Entre el viernes y el domingo, el volumen estimado de petróleo fuera de operación se redujo en 284,951 barriles diarios y el de gas en 208.2 millones de pies cúbicos diarios. Al mismo tiempo, las plataformas de producción evacuadas bajaron de 129 a 32. El regreso del personal, por tanto, está avanzando más rápido que la recuperación del volumen producido.
Ese contraste es importante. El reporte federal no asigna el volumen detenido a cada plataforma y sus cifras de shut-in son estimaciones basadas en lo que los operadores esperaban producir ese día. Una plataforma que vuelve a recibir personal no equivale automáticamente a recuperar la misma proporción de barriles o gas. Primero llegan las inspecciones, las pruebas y la secuencia de arranque.
Cierre preventivo no significa daño: la clave está en las inspecciones
Isaias tocó tierra cerca de Destin, Florida, a las 8:30 p.m. CDT del viernes 9 de octubre con vientos máximos sostenidos de 105 mph, como huracán categoría 2. Antes y durante el paso del sistema, los operadores cerraron pozos y evacuaron instalaciones como medida de seguridad. La MMA explica que detener producción es un procedimiento estándar para proteger a las personas y evitar liberaciones de petróleo o gas.
Por eso, el dato de producción fuera de operación no debe leerse como petróleo “perdido” ni como evidencia automática de daños. La propia agencia señala que las instalaciones sin daños pueden volver a producir después de completar las revisiones de seguridad, mientras que cualquier instalación dañada requerirá más tiempo. Shell informó el sábado que no detectó daños por la tormenta en Mars, Olympus, Ursa, Vito y Appomattox y que continuaba con el redespliegue de personal.
Chevron también comunicó que mantuvo producción en cuatro plataformas operadas y cerró temporalmente otras cinco, con trabajos para restablecer la producción completa y remobilizar cuadrillas. Eso respalda la lectura de que una parte relevante de los cierres fue preventiva, pero no permite concluir que todo el Golfo quedó sin daños: el último reporte de la MMA no ofrece un balance instalación por instalación.
Refinerías: el riesgo no terminó cuando Isaias tocó tierra
La EIA había advertido antes del impacto que la Costa del Golfo concentra una parte importante de la capacidad de refinación estadounidense y que Isaias podía alterar las operaciones. Sin embargo, la información pública revisada no permite afirmar todavía una tasa de operación poshuracán para las refinerías de Pascagoula, Mississippi, y Mobile, Alabama. El último parte de Chevron solo señala que sus instalaciones terrestres continúan con sus procedimientos de recuperación.
Hay otra señal que conviene leer con cuidado. El Departamento de Energía de Estados Unidos autorizó el sábado un intercambio de emergencia de hasta 4 millones de barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo, con hasta 2 millones para ExxonMobil y otros 2 millones para BP America, con el objetivo de aliviar disrupciones de suministro y ayudar a mantener la operación de refinerías. Eso confirma tensión logística, pero no demuestra por sí solo que exista daño físico en esas instalaciones.
Para México, este punto importa más de lo que parece. La EIA señala que México fue en 2024 el mayor mercado de exportación para los productos petrolíferos de Estados Unidos, con un promedio de 1.2 millones de barriles diarios de envíos que incluyeron gasolina, diésel y propano. Una interrupción prolongada en producción, transporte o refinación del Golfo puede influir en la disponibilidad y el costo regional de combustibles, aunque no implica automáticamente un aumento de precios en México.
Qué debe vigilar ahora un trader en México
La siguiente referencia inmediata es el nuevo parte de la MMA. Más que contar cuántas plataformas vuelven a tener personal, habrá que medir cuántos barriles y cuánto gas regresan efectivamente. Después llegará el informe semanal de inventarios de petróleo de la EIA, donde conviene mirar crudo, productos refinados y utilización de refinerías. Por la semana festiva en Estados Unidos, la EIA programa esa publicación para el jueves 15 de octubre a las 12:00 p.m. ET.
En gas natural hay un matiz adicional. La EIA había previsto que la producción offshore del Golfo representaría alrededor de 1% de la producción comercializada de gas natural de Estados Unidos en 2026, frente a cerca de 13% del crudo estadounidense. Por eso, que casi la mitad del gas del Golfo siga cerrado no significa que esté fuera la mitad de la oferta nacional. El porcentaje impresiona, pero el peso de la región es muy distinto en ambos mercados.
Para los traders mexicanos, WTI y Brent se cotizan en dólares, así que el movimiento del crudo y el USD/MXN pueden combinarse de formas distintas cuando la referencia se lleva a pesos. Si la exposición se hace mediante futuros o CFDs, además, el riesgo no es el mismo que seguir el mercado físico: margen, apalancamiento, spreads y costos de mantener posiciones pueden pesar más cuando aumenta la volatilidad. Las guías sobre brokers para operar materias primas y brokers para operar con CFDs permiten revisar esas diferencias sin confundir volatilidad con una señal de entrada.
La clave para México no es solo que Isaias ya haya pasado. Es comprobar la velocidad a la que regresan los barriles, si las refinerías y la logística normalizan operaciones y si los próximos datos de la MMA y la EIA confirman que el golpe fue principalmente preventivo. Por ahora, la recuperación está en marcha, pero los datos todavía no permiten hablar de un Golfo normalizado.








