Chicago sigue alto, aunque el rally ya mostró su volatilidad
El último cierre completo verificado es el del 3 de septiembre. El contrato de maíz de diciembre de 2026 en CBOT terminó en 540.75 centavos de dólar por bushel, equivalente a 5.4075 dólares. El trigo de diciembre de 2026 cerró en 754.25 centavos, o 7.5425 dólares por bushel. Son futuros negociados en Chicago, no precios físicos del grano en México.
La referencia importa porque apenas dos días antes el trigo había tocado 7.9225 dólares por bushel, su mayor nivel desde febrero de 2023. El maíz también llegó a un máximo de tres años. El impulso del trigo estuvo ligado a las nuevas interrupciones y ataques sobre infraestructura de exportación en la región del Mar Negro, mientras que en maíz pesaron las preocupaciones sobre la cosecha estadounidense y el arrastre del propio trigo.
Pero hay un matiz que no conviene perder: el mercado ya retrocedió desde esos picos. Eso habla de precios altos y riesgo de volatilidad, no de una escalada lineal que pueda extrapolarse directamente al supermercado mexicano.
El maíz amarillo no cuenta la misma historia que la tortilla
En México, decir simplemente que “sube el maíz” mezcla dos mercados bastante distintos. La Secretaría de Agricultura reportó que entre enero y junio de 2026 se importaron 11.7 millones de toneladas de maíz amarillo, mientras que las compras de maíz blanco fueron de 493 mil toneladas. La suma de ambas variedades alcanzó 12.2 millones de toneladas, apenas 0.19% más que en el mismo periodo del año anterior.
La diferencia es clave. El maíz blanco está orientado principalmente al consumo humano y es la referencia mucho más directa para masa y tortilla. El amarillo tiene un peso mucho mayor en alimento pecuario y usos industriales. Agricultura calcula, además, que menos de 5% de la disponibilidad de maíz blanco del ciclo octubre de 2025-septiembre de 2026 proviene de importaciones, mientras que el mercado de maíz amarillo necesita un volumen mucho mayor de compras externas.
Esto no significa que una subida internacional del maíz amarillo sea irrelevante para la inflación mexicana. Puede presionar costos de alimentación animal y, por esa vía, entrar en cadenas como pollo, huevo, cerdo o productos procesados. Lo que no se sostiene es dar por hecho que un máximo del futuro de Chicago debe traducirse inmediatamente en tortillas más caras. Para eso hay que mirar también maíz blanco físico, producción local, inventarios, fletes y márgenes de comercialización.
El trigo deja a México más expuesto al mercado internacional
Con el trigo, la sensibilidad externa es más evidente. En su escenario para el ciclo comercial 2026/27, el equipo de USDA Foreign Agricultural Service en México proyectó una producción nacional de 2.1 millones de toneladas, frente a 6.2 millones de toneladas de importaciones y un consumo total de 8.05 millones. El mismo escenario contemplaba inventarios finales de 495 mil toneladas. Son proyecciones publicadas en marzo, no una medición del inventario físico disponible en septiembre.
El origen de esas compras también concentra la atención en Norteamérica. Entre julio y diciembre de 2025, el informe de USDA-FAS estimó que 81% del trigo importado por México procedió de Estados Unidos y 16% de Canadá. Agricultura, por su parte, señaló que las importaciones de la fracción correspondiente al trigo panificable bajaron 14.5% interanual durante el primer semestre de 2026.
Por eso el trigo de Chicago sí merece atención cuando se habla del costo potencial de la panificación, pero tampoco existe una transmisión uno a uno. Las harineras compran distintas clases de trigo, manejan contratos e inventarios y además enfrentan costos de molienda, transporte, energía y distribución. Un futuro más caro aumenta un riesgo de costo; no determina por sí solo el precio final del pan.
Peso, logística y precios físicos son el filtro que falta para México
El tipo de cambio puede cambiar bastante la factura. El FIX de Banco de México se ubicó en 16.9560 pesos por dólar el 3 de septiembre. Con el peso por debajo de 17 unidades por dólar en esa referencia, una parte del aumento de una materia prima cotizada en dólares puede quedar amortiguada al convertirla a pesos. Si USD/MXN se mueve en sentido contrario, ese colchón puede reducirse.
Después viene el mercado físico. El Sistema Nacional de Información e Integración de Mercados de la Secretaría de Economía levanta precios mayoristas de granos básicos y reporta referencias por producto, origen y plaza; su información de granos se actualiza semanalmente en decenas de mercados. Esa comparación es más útil para hablar de presión doméstica que tomar aisladamente una pantalla de futuros de Chicago.
Por ahora, tampoco el dato general de inflación permite concluir que el salto de los granos ya se trasladó de forma automática al consumidor. El INPC registró una inflación anual de 3.26% en la primera quincena de agosto, y la siguiente actualización mensual está programada para el 9 de septiembre. Para detectar una presión alimentaria real habrá que cruzar esa información con las cotizaciones físicas de maíz blanco y trigo, no solo con el movimiento del CBOT.
Para quien sigue materias primas desde México, la señal útil está en la combinación: futuros de diciembre en Chicago, precio mayorista del maíz blanco, inventarios, importaciones por tipo de grano, fletes y USD/MXN. Si varias de esas piezas empiezan a presionar en la misma dirección, la discusión sobre alimentos caros gana fuerza. Un máximo del maíz o del trigo, por sí solo, todavía no alcanza para llegar a esa conclusión.
Como siguiente lectura, la guía de inflación alimentaria de FinanMercado es el apoyo natural para entender cómo una materia prima puede —o no— terminar reflejándose en el bolsillo del consumidor mexicano. Su URL interna queda pendiente de validación antes de publicar.








