Pemex publica la cotización de la mezcla como un estimado informativo diario. La cifra oficial disponible rebasa con claridad los 103 dólares y coincide con un mercado internacional todavía tensionado: WTI y Brent se mantuvieron por encima de los 100 dólares el 17 de septiembre, en un entorno de disrupciones de oferta y mayores costos de transporte.
Para México, sin embargo, quedarse con la idea de que “petróleo caro equivale a más dinero” sería simplificar demasiado. El país vende crudo, pero también importa grandes volúmenes de combustibles refinados, y el Gobierno está utilizando estímulos fiscales para amortiguar parte del encarecimiento en gasolinas y diésel.
Más precio no significa más ingreso fiscal de forma automática
Los Criterios Generales de Política Económica de 2026 utilizaron una referencia promedio de 54.9 dólares por barril para la mezcla mexicana. Frente a ese supuesto anual, una cotización diaria de 103.55 dólares es extraordinariamente alta. La comparación, eso sí, debe manejarse con cuidado: un precio de un día no puede equipararse directamente con el promedio que terminará registrando todo el año.
Un precio de exportación mayor puede elevar los ingresos petroleros del Gobierno federal, pero intervienen otras variables: volumen exportado, producción, tipo de cambio y resultados de Pemex. Hacienda, de hecho, proyectó en sus Pre-Criterios para 2027 que los ingresos petroleros de 2026 quedarían 47,300 millones de pesos por debajo de lo programado, principalmente por menores ingresos propios de Pemex y por la apreciación del peso, aunque un precio de la mezcla superior al previsto compensaba parcialmente ese efecto.
El volumen también importa. Pemex reportó para julio una producción de crudo cercana a 1.368 millones de barriles diarios, sin contar condensados, mientras las exportaciones fueron de alrededor de 449,600 barriles diarios. En otras palabras, la cotización de 103 dólares beneficia directamente a una fracción concreta del petróleo producido y exportado; no convierte cada barril extraído en ingreso fiscal al mismo precio.
México vende crudo caro, pero sigue comprando combustibles refinados
Aquí aparece el otro lado de la ecuación. En julio, la serie de Pemex registró importaciones de gasolina de alrededor de 353,900 barriles diarios y de diésel por unos 90,500 barriles diarios. Es una exposición relevante a precios internacionales de refinados justo cuando el mercado energético también enfrenta problemas de suministro, fletes elevados y márgenes de refinación presionados.
Por eso una Mezcla Mexicana más cara puede ayudar por el lado de las exportaciones y, al mismo tiempo, encarecer parte de la factura energética que México compra en el exterior. El precio del crudo tampoco se transmite de manera mecánica a la gasolina: intervienen refinación, transporte, almacenamiento, distribución, impuestos y tipo de cambio.
La Agencia Internacional de Energía describió en septiembre importantes interrupciones de suministro en Oriente Medio, descensos de inventarios y fuertes tensiones en el transporte marítimo. Si ese entorno se prolonga, el riesgo para México no está únicamente en el precio del barril, sino también en cuánto cuesta mover y adquirir productos terminados como gasolina y diésel.
El IEPS contiene parte del golpe, pero también tiene un costo fiscal
México mantiene además mecanismos para suavizar la transmisión de estos movimientos al consumidor. La estrategia de estabilización renovada entre Gobierno y sector gasolinero busca mantener la gasolina regular por debajo de 24 pesos por litro en la mayor parte del país y el diésel debajo de 27 pesos, aunque las condiciones pueden variar por región.
Para el periodo del 12 al 18 de septiembre, Hacienda aplicó un estímulo fiscal de 51.43% sobre el IEPS de la gasolina regular. En el caso del diésel, el estímulo fue de 100%, dejando en cero la cuota efectiva del IEPS para ese periodo, además de un estímulo complementario de 0.1501 pesos por litro. Son medidas que reducen la velocidad con la que un shock petrolero puede llegar a los precios finales, pero trasladan parte del costo a las cuentas públicas.
Ese matiz ya aparece en las propias previsiones fiscales. Hacienda atribuyó parte de una menor recaudación tributaria esperada en 2026 al apoyo aplicado mediante el IEPS a combustibles. Por eso, el mismo petróleo caro que puede mejorar un componente de los ingresos petroleros también puede obligar a sacrificar recaudación para contener el costo de los combustibles.
Qué debe vigilar quien sigue petróleo desde México
Para un trader o inversor mexicano, la referencia de 103.55 dólares sirve para medir la magnitud del shock, pero no debe confundirse con WTI o Brent. La Mezcla Mexicana es una referencia del crudo mexicano de exportación; los futuros, CFDs y otros derivados que ofrecen los brokers suelen seguir contratos o referencias distintas, con spreads, márgenes, vencimientos y costos propios.
La lectura del mercado pasa ahora por varias piezas a la vez: duración de las disrupciones internacionales, comportamiento de WTI y Brent, cotización diaria de la mezcla, producción y exportaciones de Pemex, precio de los refinados importados, estímulos semanales al IEPS y USD/MXN. Un peso más fuerte puede amortiguar en moneda local una parte de una factura denominada en dólares; uno más débil puede hacer lo contrario.
Para ampliar este contexto, la guía de FinanMercado sobre petróleo mexicano y variables del mercado energético ayuda a separar el precio de exportación del comportamiento de WTI, Brent, gasolina y costos internos. El punto clave es que un barril mexicano por encima de 103 dólares mejora una parte de la ecuación, pero no toda: México también debe pagar por combustibles importados, logística y medidas fiscales para contener el impacto doméstico.








