El IGAE rebotó y los servicios hicieron la diferencia
El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) aumentó 0.8% mensual en julio con cifras desestacionalizadas y quedó 3.3% por encima del nivel de un año antes, según INEGI. La cifra mensual superó el 0.2% que esperaba la mediana de un sondeo de Reuters y también el 0.6% de la estimación central que el propio INEGI había publicado en su Indicador Oportuno de la Actividad Económica. Junio, además, fue revisado a una variación prácticamente nula después de que la lectura preliminar apuntara a una contracción.
La sorpresa estuvo sobre todo en las actividades terciarias, donde se concentran servicios y comercio: crecieron 1.2% frente a junio y 4.0% anual. Las actividades secundarias avanzaron 0.5% mensual, mientras las primarias retrocedieron 1.1%. Dentro del comercio, el mayorista aumentó 1.9% mensual y el minorista 2.4%, de acuerdo con un desglose de México, ¿Cómo vamos? elaborado con datos de INEGI.
La industria también aportó, aunque con una señal menos uniforme. El indicador industrial de INEGI mostró un avance mensual de 0.5% en julio: construcción subió 0.9% y manufacturas 0.7%, mientras la minería cayó 1.8% y electricidad, agua y gas no mostraron variación. Es decir, el rebote no dependió de un solo bloque, pero tampoco fue una mejora pareja en toda la economía.
El dato resta presión para recortar tasas, pero no decide por Banxico
La lectura para las tasas necesita contexto. Un crecimiento de julio claramente mejor de lo previsto reduce el argumento de que Banxico deba recortar con urgencia por debilidad de la actividad. Si la economía muestra capacidad de crecer aun con una tasa elevada, hay menos presión inmediata para relajar la política monetaria por ese motivo. Eso no significa que el IGAE cierre la puerta a recortes posteriores.
De hecho, Banxico mantuvo el 24 de septiembre su tasa objetivo en 6.50% por tercera reunión consecutiva y la decisión fue unánime. El banco central señaló que espera condiciones de holgura y que persisten riesgos a la baja para la actividad, al tiempo que la inflación general subió de 3.10% en la primera quincena de julio a 3.42% en la primera de septiembre; la subyacente bajó de 3.95% a 3.79%. Para la Junta, la trayectoria de inflación, sus expectativas, el tipo de cambio y la holgura siguen siendo piezas centrales de las próximas decisiones.
Por eso, el dato de julio cambia el balance de argumentos, no la función de reacción de Banxico. Para hogares y empresas, una tasa objetivo de 6.50% implica que el alivio en el costo del crédito no está garantizado ni tiene que ser inmediato. Para el peso mexicano, el efecto también es indirecto: expectativas de tasas menos agresivas pueden influir en el diferencial frente a Estados Unidos, pero el USD/MXN depende además del dólar global, la Fed y el apetito por riesgo. No hay base para atribuir a este IGAE, por sí solo, una dirección definitiva del tipo de cambio.
Julio mejora la foto, pero agosto pondrá a prueba la tendencia
El punto clave está en separar rebote de tendencia. El nivel desestacionalizado del IGAE pasó de 107.0 puntos en junio a 107.8 en julio, pero el dato sigue siendo preliminar y puede revisarse cuando INEGI incorpore nueva información. Un solo mes no confirma un nuevo auge, especialmente después de la caída de mayo y el estancamiento de junio.
La primera señal disponible para agosto es más moderada. El IOAE publicado por INEGI el 22 de septiembre anticipa un crecimiento de apenas 0.1% mensual para el IGAE en agosto, con 0.2% para las actividades secundarias y 0.1% para las terciarias. Es una estimación econométrica, no el dato definitivo, y sus intervalos de confianza son amplios. Sirve como advertencia contra extrapolar automáticamente el salto de julio.
La siguiente publicación oficial del IGAE, correspondiente a agosto, está prevista para el 23 de octubre de 2026. Ahí se verá si servicios y comercio mantuvieron el impulso o si julio fue, en buena parte, un rebote puntual. Por ahora, la economía mexicana entregó una cifra mejor de lo esperado y quitó algo de urgencia al argumento de recortar tasas por debilidad del crecimiento; lo que no permite afirmar es que haya comenzado una fase de expansión acelerada ni que Banxico tenga decidido su siguiente movimiento.








