Banxico recorta, pero sube su pronóstico de inflación para 2026
La Junta de Gobierno aprobó por mayoría de tres votos contra dos bajar la tasa desde 6.50% a 6.25%, con efectos a partir del 6 de noviembre. Victoria Rodríguez Ceja, José Gabriel Cuadra García y Omar Mejía Castelazo apoyaron el recorte; Galia Borja Gómez y Jonathan Heath prefirieron mantenerla. El movimiento llegó después de tres reuniones consecutivas sin cambios y sorprendió a buena parte del mercado: solo seis de 36 participantes en la encuesta de Citi anticipaban una baja.
La aparente contradicción está en la misma tabla de pronósticos de Banxico. Para el cuarto trimestre de 2026, el banco central elevó la previsión de inflación general a 3.7%, desde 3.5%, y la subyacente a 3.7%, desde 3.6%. Aun así, mantuvo la expectativa de que ambas converjan a 3.0% en el cuarto trimestre de 2027. También conservó un balance de riesgos para la inflación sesgado al alza.
El dato reciente ayuda a entender por qué el recorte no equivale a declarar vencida la inflación. Entre la primera quincena de septiembre y la primera de octubre, la inflación general anual pasó de 3.42% a 3.62%, mientras la subyacente apenas bajó de 3.79% a 3.78%. Los servicios continuaban mostrando una inflación superior a 4% anual. La presión cambió de composición, pero no desapareció.
La explicación: holgura, menor traspaso del peso y una restricción que todavía opera
Banxico justificó el ajuste con tres argumentos. Primero, considera que el proceso desinflacionario ha continuado. Segundo, no identifica presiones de demanda y sigue viendo condiciones de holgura en la economía a lo largo del horizonte de pronóstico. Tercero, estima que el grado de restricción monetaria acumulado todavía está operando: las tasas altas de los meses anteriores siguen afectando las decisiones económicas con retraso.
El tipo de cambio también entra en la ecuación. La Junta señaló que, con la holgura prevista, el traspaso de los movimientos cambiarios hacia los precios sería limitado. Eso no significa que un peso más débil sea irrelevante. Banxico mantiene una depreciación adicional de la moneda entre los riesgos que podrían empujar la inflación por encima de lo previsto, junto con una mayor persistencia de la subyacente, disrupciones comerciales o geopolíticas, eventos climáticos y nuevas presiones de costos.
La señal más importante quizá no está en el recorte, sino en lo que viene después. Banxico describió la baja como un ajuste puntual y anticipó que prevé mantener la tasa en 6.25% durante un periodo prolongado. Esa guía impide leer la decisión como el inicio automático de una nueva cadena de recortes. La votación dividida, además, muestra que dentro de la Junta existe debate sobre cuánto espacio hay para relajar la política monetaria.
Qué cambia para el peso, la Fed y el costo del dinero
Para el peso mexicano, el recorte reduce el diferencial de tasas frente a Estados Unidos. La Reserva Federal mantuvo el 28 de octubre su rango objetivo en 3.75%-4.00%, mientras Banxico bajó a 6.25%. Un diferencial menor puede reducir, en el margen, el atractivo de mantener posiciones en pesos por rendimiento, aunque el USD/MXN también depende del dólar global, la percepción de riesgo, el comercio y las expectativas sobre ambas economías.
La reacción inmediata fue visible, pero debe leerse con cuidado. El tipo de cambio interbancario de cierre reportado por Banxico pasó de 18.5669 pesos por dólar el 4 de noviembre a 18.7499 el día 5, una depreciación cercana a 1%. El movimiento coincidió con la decisión sorpresa, pero una sola sesión no basta para convertir esa reacción en una tendencia ni para atribuirla exclusivamente a Banxico.
Para hogares y empresas, una tasa de referencia más baja puede ir trasladándose a ciertos costos de financiamiento y a los rendimientos del ahorro, pero el efecto no es inmediato ni uniforme. Los créditos a tasa variable y algunos instrumentos de corto plazo suelen reaccionar antes que hipotecas o financiamientos contratados a tasa fija. Un recorte de 25 puntos base no significa que todos los créditos vayan a abaratarse en la misma proporción ni de un día para otro.
Qué debe vigilar México antes de asumir otro recorte
La prueba central será si la inflación efectivamente retoma una trayectoria hacia 3% sin que la subyacente y, en particular, los servicios sigan mostrando persistencia. También importará cuánto de la depreciación del peso termina trasladándose a precios y si la holgura que Banxico anticipa se confirma en los datos de actividad. Si esas condiciones cambian, también puede cambiar la lectura de la Junta.
El siguiente dato importante llegará pronto. INEGI tiene previsto actualizar el INPC con la inflación de octubre el 9 de noviembre. Después, Banxico publicará las minutas de esta decisión el 19 de noviembre, su informe trimestral el 26 y celebrará su siguiente decisión de política monetaria el 17 de diciembre.
Lo que cambió es claro: la tasa bajó a 6.25% y el pronóstico de inflación para el cierre de 2026 subió. Lo que no cambió es la convergencia prevista al 3% en el cuarto trimestre de 2027 ni el sesgo al alza del balance de riesgos. La aparente contradicción se explica porque Banxico está mirando al mismo tiempo inflación, holgura, efectos rezagados de las tasas y traspaso cambiario. Para interpretar el próximo dato conviene separar inflación general, subyacente y servicios antes de concluir que existe margen para otro recorte.








