La tasa real de Banxico no es simplemente 6.50% menos la inflación de agosto
La Junta de Gobierno de Banco de México mantuvo por unanimidad la tasa objetivo en 6.50% el 6 de agosto. En su comunicado señaló que consideró apropiado conservar ese nivel y mantuvo un balance de riesgos para la inflación sesgado al alza. La siguiente decisión está programada para el 24 de septiembre.
Con la inflación general de agosto en 3.26%, una resta sencilla entre la tasa nominal y la inflación observada arroja 3.24 puntos porcentuales. Es una referencia intuitiva, pero no es la forma que utiliza Banxico para medir su tasa real ex ante de corto plazo. El banco central descuenta del objetivo de la tasa la inflación esperada para los siguientes 12 meses, porque la política monetaria mira hacia adelante.
Ahí cambia la lectura. La serie empleada por Banxico para agosto muestra una expectativa media de inflación a 12 meses de 4.15%. Aplicada a la tasa de 6.50%, implica una tasa real cercana a 2.35%. El intervalo estimado por el propio banco para la tasa neutral real de largo plazo va de 1.8% a 3.6%, con punto medio de 2.7%. Otra tabla oficial, construida para comparar países y con expectativas de Bloomberg para otro horizonte, coloca la tasa real mexicana en 2.72%. No es una contradicción: cambia la metodología y cambia el horizonte de inflación utilizado.
Por eso, calificar sin más la tasa real de Banxico como “elevada” puede inducir a error. Sigue siendo positiva, pero con la metodología doméstica y las expectativas más recientes ya no aparece claramente por encima del rango neutral estimado. Eso tampoco permite concluir que la política monetaria haya dejado de ser restrictiva en todos sus efectos: las estimaciones de neutralidad son inciertas y la política monetaria opera con rezagos.
La canasta alimentaria muestra por qué la inflación no se siente igual para todos
La otra parte de la historia está en el gasto cotidiano. En julio, el valor mensual por persona de la canasta alimentaria utilizada en la Línea de Pobreza Extrema por Ingresos fue de 2,545.72 pesos en el ámbito urbano y 1,894.69 pesos en el rural. Su costo aumentó 3.8% anual en las ciudades, pero solo 2.0% en las zonas rurales. En ese mismo mes, la inflación general fue de 3.12%.
El contraste importa. Para un hogar urbano con una proporción elevada de su ingreso destinada a alimentos, una inflación general cercana a 3% no necesariamente describe bien la presión que enfrenta al hacer el gasto. INEGI señaló entre los productos con mayor incidencia en el aumento anual de esa canasta a las comidas y bebidas consumidas fuera del hogar, la papa y la cebolla. La canasta alimentaria, sin embargo, no sustituye al INPC: es un referente monetario específico para medir si el ingreso alcanza para cubrir determinados alimentos y se construye con una metodología distinta.
El dato de agosto también aconseja evitar una lectura demasiado cómoda de la inflación general. Aunque el INPC avanzó 3.26% anual, la inflación subyacente fue de 3.88%. Dentro de ella, los alimentos procesados, bebidas y tabaco aumentaron 4.68%, mientras los servicios lo hicieron 4.33%. Es decir, el promedio nacional puede bajar al mismo tiempo que algunos gastos frecuentes siguen aumentando a un ritmo mayor.

Qué cambia para ahorro, crédito y peso mexicano
Para el ahorro, la tasa real de política monetaria es una señal, no la rentabilidad real que obtiene cada persona. Una tasa de Banxico de 6.50% no significa que cualquier producto de ahorro pague 6.50% ni que automáticamente preserve poder adquisitivo. El resultado depende de la tasa ofrecida, el plazo, los costos, los impuestos aplicables y, en términos económicos, de la inflación contra la que se compare ese rendimiento.
Algo parecido ocurre con el crédito. Mantener la referencia en 6.50% evita un nuevo recorte inmediato del costo base del dinero, pero no congela las tasas de tarjetas, préstamos, hipotecas o financiamiento empresarial. Esos productos incorporan riesgo, plazo, competencia, costos de fondeo y márgenes propios. El traslado de una decisión de Banxico tampoco ocurre al mismo ritmo en todos ellos.
Para el peso mexicano y el USD/MXN, una tasa real positiva puede contribuir al atractivo relativo de los activos denominados en pesos, pero no determina por sí sola el tipo de cambio. También pesan la política de la Reserva Federal, el comportamiento global del dólar, el apetito por riesgo, el crecimiento y episodios geopolíticos. Banxico señaló en agosto que el peso se había apreciado desde su decisión anterior, pero ese movimiento no permite proyectar automáticamente la siguiente dirección de la moneda.
El próximo dato puede cambiar la lectura del bolsillo
Hay una actualización especialmente importante para este seguimiento. INEGI tiene programada para el 14 de septiembre la publicación definitiva de las Líneas de Pobreza correspondientes a agosto. En el calendario consultado, el dato todavía figuraba entre las próximas publicaciones. Antes de publicar esta nota debe comprobarse esa actualización y sustituirse la referencia de julio si ya está disponible.
Después, el calendario concentra dos referencias relevantes el 24 de septiembre: el INEGI prevé divulgar la inflación de la primera quincena de septiembre y Banxico tiene programada su siguiente decisión monetaria. Esos datos ayudarán a saber si las presiones de precios siguen moderándose y si el banco central considera adecuado mantener su postura.
La conclusión útil es más acotada. Una inflación general menor no significa que los precios estén bajando ni que todos los hogares recuperen poder adquisitivo al mismo ritmo. Tampoco basta restar la inflación del mes a la tasa de Banxico para definir la postura monetaria. La tasa real esperada, la inflación subyacente y el costo efectivo de la canasta que consume cada hogar responden preguntas distintas. Mirarlas juntas ofrece una lectura más completa de lo que realmente está cambiando en México.









