El consenso ve un repunte, pero el dato oficial todavía falta
La encuesta de expectativas de Citi del 22 de septiembre coloca el avance quincenal esperado del INPC en 0.28% y el de la inflación subyacente en 0.20%. Si el índice general efectivamente aumenta 0.28% desde la segunda quincena de agosto, la inflación anual rondaría 3.37%, de acuerdo con un cálculo a partir de los índices oficiales del INEGI. Ese 3.37% es, por tanto, una estimación implícita y no un dato publicado.
El punto de partida es una inflación general de 3.26% anual en agosto. La subyacente cerró ese mes en 3.88%, muy por encima de la general, con una diferencia importante entre mercancías, que avanzaron 3.41% anual, y servicios, que subieron 4.33%. Esta brecha explica por qué un aumento moderado de la inflación total no necesariamente cambia por sí solo el diagnóstico de Banxico: importa saber qué parte viene de precios volátiles y qué parte refleja presiones más persistentes.
Septiembre, además, tiene factores estacionales que obligan a mirar el detalle. En la primera quincena de septiembre de 2025, el INPC subió 0.18% y la subyacente 0.22%; dentro de los servicios, las colegiaturas aumentaron 3.15% quincenal. Por eso, una lectura más alta en la general puede convivir con señales distintas en servicios, mercancías o productos agropecuarios. Un solo dato no basta para hablar de una nueva tendencia.
Por qué la subyacente pesa más en la lectura de Banxico
Banxico mantuvo el 6 de agosto la tasa de referencia en 6.50% por decisión unánime y señaló que consideraba apropiado conservarla en ese nivel. En su balance de riesgos, el banco central colocó expresamente la persistencia de la inflación subyacente entre los riesgos al alza y mantuvo un sesgo ascendente para la trayectoria de la inflación. También retrasó hasta el cuarto trimestre de 2027 la convergencia prevista de la inflación general a la meta de 3%.
Ese mensaje ayuda a entender por qué el 0.20% quincenal esperado en la subyacente será una referencia más útil que el titular general aislado. En sus previsiones de agosto, Banxico calculaba para el tercer trimestre de 2026 una inflación promedio de 3.5% en la general y 3.8% en la subyacente. La diferencia no es menor: mientras las presiones sigan concentradas en servicios y otros componentes menos volátiles, resulta más difícil dar por consolidado el proceso de desinflación.
La publicación del INEGI llegará el 24 de septiembre, fecha en la que Banxico también tiene programada su decisión de política monetaria a las 13:00 horas. Una encuesta de Reuters recogida esta semana muestra una expectativa unánime de que la tasa permanezca en 6.50%. Eso reduce el valor de intentar adivinar una sorpresa inmediata y desplaza la atención hacia el tono del comunicado: cuánto preocupa la persistencia de los precios y cuánto tiempo considera necesario mantener la pausa.
Peso, tasas y bolsillo: qué puede cambiar con la sorpresa
El contexto externo también importa. La Reserva Federal elevó el 16 de septiembre su rango objetivo en 25 puntos base, hasta 3.75%-4.00%. Para México, ese movimiento vuelve a poner en primer plano la diferencia entre las tasas de ambos países, pero no convierte al USD/MXN en una reacción automática a un solo dato. El dólar global, el apetito por riesgo y las noticias internacionales pueden mover al peso al mismo tiempo.
Si la subyacente supera con claridad el 0.20% previsto, especialmente por servicios, la lectura sería compatible con una mayor persistencia inflacionaria y podría reforzar la cautela sobre cuánto tiempo mantener la tasa sin cambios. Si queda por debajo, aliviaría una parte de esa preocupación, pero no bastaría por sí sola para anticipar un recorte. Banxico evalúa la trayectoria de la inflación, las expectativas, la actividad económica y las condiciones financieras, no una sola quincena.
Para los hogares, la diferencia entre inflación general y subyacente no es un tecnicismo. La primera puede bajar o subir por movimientos fuertes de frutas, verduras o energía; la segunda permite seguir presiones más sostenidas en bienes y servicios que se pagan de forma recurrente. Además, una inflación menor no significa que los precios regresen a niveles anteriores: significa que aumentan a un ritmo más lento.
La prueba de este jueves estará, por tanto, en el detalle. Habrá que revisar el dato general y subyacente, la división entre mercancías y servicios, el comportamiento de colegiaturas y otros servicios, y después el mensaje de Banxico. La cifra de una quincena puede cambiar el tono de la discusión, pero no confirma por sí sola ni una nueva aceleración de la inflación ni el próximo movimiento de tasas.








