El 37.9% y el déficit miden cosas distintas
La aparente contradicción se resuelve al separar tasas de crecimiento y niveles. Las exportaciones sumaron 77,796.6 millones de dólares, mientras que las importaciones alcanzaron 78,402.7 millones. Aunque las ventas al exterior crecieron más rápido en términos anuales —37.9% frente a 33.1%—, las compras al exterior siguieron siendo mayores en valor. De ahí salió el déficit de 606.1 millones. Además, el superávit no petrolero de 2,748 millones no alcanzó para compensar el déficit petrolero de 3,354 millones.
También importa mirar la comparación mensual. Con cifras desestacionalizadas, las exportaciones bajaron 2.45% frente a agosto y las importaciones subieron 1.02%. El saldo ajustado siguió siendo superavitario, en 1,069 millones de dólares, pero fue menor a los 3,751 millones de agosto. El dato anual muestra un salto fuerte; el mensual, una moderación. Ambas cosas pueden ocurrir al mismo tiempo.
Tampoco parece correcto explicar el 37.9% únicamente por una base de comparación deprimida. En septiembre de 2025, el boletín publicado entonces por el INEGI ya reportaba un crecimiento anual de 13.8% en las exportaciones. Eso no elimina cualquier efecto base, pero evita una lectura demasiado simple. Además, el INEGI presenta los datos de septiembre de 2026 como cifras oportunas, susceptibles de revisión posterior.
Electrónica empuja las ventas, pero los insumos explican buena parte de las compras
El motor exportador estuvo en las manufacturas. Su valor llegó a 72,773 millones de dólares, 39% más que un año antes. Dentro de ese bloque, las exportaciones manufactureras no automotrices crecieron 53%, mientras que las automotrices avanzaron 5.7%. El mayor salto se observó en equipos y aparatos eléctricos y electrónicos, con un alza anual de 94.7%.
Ese 94.7% merece prudencia. El INEGI identifica la categoría que creció, pero su boletín no atribuye el aumento a inteligencia artificial, centros de datos o una causa tecnológica específica. Sin evidencia adicional, lo seguro es afirmar que la electrónica fue uno de los componentes más dinámicos, no explicar el movimiento con una narrativa que el dato oficial no demuestra.
Del lado de las importaciones, la parte más grande fueron los bienes intermedios: 63,103 millones de dólares, 38.8% más anual. Son insumos que las empresas utilizan para producir otros bienes. Los bienes de capital, como maquinaria y equipo, sumaron 5,477 millones y crecieron 18.7%. En los primeros nueve meses del año, los bienes intermedios representaron 80.4% de las importaciones y los de capital, 7.1%. Eso impide reducir el déficit de septiembre a una historia de mayor consumo.
El déficit de septiembre no borra el superávit acumulado del año
El contexto de los primeros nueve meses es bastante distinto al dato aislado de septiembre. Entre enero y septiembre, México acumuló un superávit comercial de 9,254 millones de dólares, frente a un déficit de 3,398 millones en el mismo periodo de 2025. En ese lapso, las exportaciones crecieron 30.4% anual y las importaciones 27.5%.
La lectura para México pasa también por Estados Unidos. Entre enero y septiembre, ese mercado concentró 84.8% de las exportaciones no petroleras. Solo en septiembre, los envíos no petroleros hacia Estados Unidos aumentaron 43.5% anual, frente a 16.4% hacia el resto del mundo. La fortaleza exportadora, por tanto, sigue muy ligada a la demanda estadounidense.
Las mayores importaciones de insumos y bienes de capital pueden ser compatibles con más actividad productiva, pero no bastan para afirmar que México vive un nuevo auge de inversión. Para sostener esa conclusión hacen falta otros indicadores. La estimación oportuna del PIB del tercer trimestre, programada por el INEGI para el 30 de octubre, ofrecerá una referencia más amplia sobre el desempeño de la economía.
Qué significa para el peso mexicano y el USD/MXN
La balanza comercial forma parte de la historia del tipo de cambio, pero no mueve al peso de manera mecánica. Más exportaciones pueden significar mayores ingresos de divisas, mientras que las importaciones generan demanda de moneda extranjera. El resultado para el peso mexicano y el USD/MXN depende además de flujos financieros, tasas de interés, fortaleza global del dólar y percepción de riesgo.
Por eso, un déficit mensual de 606 millones de dólares no basta para anticipar una dirección del peso. En el corto plazo, otra referencia importante es la reunión de la Reserva Federal del 27 y 28 de octubre, cuya decisión está prevista para el día 28. Un cambio en las expectativas sobre las tasas estadounidenses puede pesar más sobre el dólar/peso que una sola lectura de comercio exterior.
El siguiente reporte de balanza comercial está previsto para el 27 de noviembre. Hasta entonces, el punto clave será comprobar si las exportaciones mantienen niveles elevados, si la electrónica conserva su impulso y si el crecimiento de las compras de insumos y bienes de capital coincide con una mayor producción. Un mes con déficit no borra el superávit acumulado del año, pero el 37.9% anual tampoco garantiza que ese ritmo se mantenga.








