Qué rebajó HR Ratings y por qué
El movimiento fue de un escalón y afecta la calificación de largo plazo en escala global. HR mantuvo la nota de corto plazo en HR3 (G) y dejó la perspectiva estable. Eso importa porque la agencia no está enviando la misma señal que daría una perspectiva negativa; lo que sí está diciendo es que el perfil fiscal y de crecimiento de México merece ahora una valoración crediticia más débil.
La clave está en las cuentas públicas. HR estima que los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) —la medida más amplia del déficit— cerrarán 2026 en 4.61% del PIB. En su escenario base, el déficit se mantendría alrededor de 4.6% en promedio durante los próximos años. Con esa trayectoria, su métrica de deuda subiría de 52.6% del PIB en 2025 a 54.5% en 2026, 61.2% en 2030 y 65.6% en 2033. La agencia también redujo su estimación de crecimiento real de largo plazo a 1.5% anual desde 1.85% y considera que Pemex todavía podría requerir apoyo federal para el pago de deuda al menos hasta 2029.
Aquí aparece la diferencia que el mercado tendrá que resolver con datos. Hacienda plantea una consolidación más favorable: el marco fiscal para 2027 contempla RFSP de 4.1% del PIB en 2026 y 3.9% en 2027, junto con un rango de crecimiento de 1.5% a 2.5% para el próximo año. HR, en cambio, duda de que el déficit baje de forma sostenida por debajo de 4% bajo su escenario base. No es una discusión semántica: esa brecha determina si la deuda se estabiliza o sigue ganando peso frente al tamaño de la economía.
México conserva grado de inversión, pero el colchón es menor
La rebaja no convierte a México en un emisor de grado especulativo. HR BBB sigue dentro del grado de inversión y la escala de la agencia describe ese nivel como de riesgo crediticio moderado. Además, la perspectiva estable es un matiz relevante frente a una perspectiva negativa. Hacienda subrayó que México mantiene el grado de inversión con las ocho agencias que califican su deuda soberana.
Eso no vuelve irrelevante la advertencia. Fitch mantiene a México en BBB- con perspectiva estable y Moody’s en Baa3 con perspectiva estable, ambos en el límite inferior del grado de inversión dentro de sus respectivas escalas. S&P conserva BBB, pero con perspectiva negativa. La lectura conjunta importa más que una sola nota: varias agencias siguen reconociendo fortalezas macroeconómicas, pero el margen para absorber un deterioro fiscal prolongado se ha estrechado.
Tampoco hay que confundir una rebaja con un problema inmediato de liquidez. Cerca de 80% de la deuda del Gobierno Federal está denominada en moneda nacional y a tasa fija, según Hacienda, y el Saldo Histórico de los RFSP se ubicó en 51.5% del PIB al cierre de agosto. Esa estructura reduce la exposición inmediata a un salto del dólar o a un refinanciamiento masivo a tasas más altas. El riesgo aparece de manera gradual: si la prima exigida por los inversionistas permanece elevada, las nuevas emisiones y los vencimientos que deban renovarse pueden encarecer el costo financiero con el tiempo.
Peso y bonos: hubo presión, no una señal de desorden
El peso terminó el viernes 16 de octubre en 18.5045 unidades por dólar, frente a 18.4142 el jueves, una depreciación cercana a 0.49%. La rebaja de HR estuvo entre los factores observados por el mercado, pero no explica por sí sola el movimiento. Durante la semana también pesaron las expectativas sobre las tasas de la Reserva Federal y la posibilidad de que se reduzca el diferencial entre los rendimientos de México y Estados Unidos. Atribuir todo el ajuste del USD/MXN a la calificación sería simplificar demasiado.
En los bonos ocurrió algo parecido. El rendimiento de referencia de la deuda mexicana a 10 años terminó el viernes alrededor de 9.30%, unos cinco puntos base por encima de la sesión previa. Cuando el rendimiento sube, el precio del bono baja. Sin embargo, ese nivel todavía estaba por debajo del 9.63% observado al cierre de septiembre. Un día de ajuste, por tanto, no demuestra que exista una venta desordenada de deuda mexicana ni que el mercado haya cambiado de forma definitiva su valoración del soberano.
La lectura para México pasa por el costo marginal de financiamiento. Si el deterioro crediticio se acompaña de tasas globales altas y de una menor demanda por riesgo emergente, Hacienda puede enfrentar rendimientos más exigentes en nuevas colocaciones. Para el peso, el canal es indirecto: una mayor prima de riesgo puede restar atractivo a los activos en pesos, pero el USD/MXN seguirá respondiendo también a Banxico, la Fed, el dólar global, el comercio y el apetito por riesgo.
La advertencia que el mercado vigilará ahora
La verdadera prueba no es la reacción de una sesión, sino la ejecución fiscal. HR señala que un deterioro más profundo —RFSP superiores a 5% del PIB durante un periodo prolongado, déficits primarios por encima de 2%, costos financieros superiores a 6% del PIB o crecimiento de largo plazo inferior a 1%— podría presionar nuevamente la perspectiva o la calificación. En sentido contrario, una consolidación sostenida, con superávits primarios superiores a 1%, RFSP por debajo de 3.5% y crecimiento de largo plazo por encima de 2.5%, abriría espacio para una mejora.
Por eso, los próximos meses pondrán el foco en si las metas del Paquete Económico 2027 se convierten en resultados: recaudación, gasto, balance primario, costo de los intereses, inversión y apoyos a Pemex. También será relevante comprobar si la recuperación de la actividad económica es suficiente para elevar el crecimiento potencial y frenar la relación deuda/PIB.
Lo que cambió con HR Ratings es el margen de tolerancia, no el estatus financiero de México. El país conserva grado de inversión y la composición de la deuda ofrece amortiguadores importantes. Lo que no puede afirmarse es que el peso vaya a seguir cayendo, que los bonos estén entrando en crisis o que una pérdida del grado de inversión sea inminente. El siguiente juicio del mercado dependerá menos del titular y más de si la consolidación fiscal prometida aparece en las cifras.








